Publicado en Gara
Los carnavales se sitúan en mi Top 3 de fiestas del año, y ahora que estoy sin voz y con agujetas creo que los coloco en la pole. Hay quien tiene el sentido del ridículo demasiado desarrollado y no le gusta mucho eso de vestirse con colores estridentes y hacer el ganso. Hay quien utiliza el disfraz como forma de hacer un guiño a la actualidad -imaginemos Pequeños Nicolases, infectados de ébola y tarjetas opacas que rezaban «tá to pagao»-. En esos días nadie nos llama frikis por vestirnos como nuestros ídolos de la infancia y gritar eso de «kame hame ha!» apuntando con las manos a todo el que pasa. Qué fácil es crear un alter ego tras un disfraz y jugar a ser otra persona por un día.
Los carnavales se sitúan en mi Top 3 de fiestas del año, y ahora que estoy sin voz y con agujetas creo que los coloco en la pole. Hay quien tiene el sentido del ridículo demasiado desarrollado y no le gusta mucho eso de vestirse con colores estridentes y hacer el ganso. Hay quien utiliza el disfraz como forma de hacer un guiño a la actualidad -imaginemos Pequeños Nicolases, infectados de ébola y tarjetas opacas que rezaban «tá to pagao»-. En esos días nadie nos llama frikis por vestirnos como nuestros ídolos de la infancia y gritar eso de «kame hame ha!» apuntando con las manos a todo el que pasa. Qué fácil es crear un alter ego tras un disfraz y jugar a ser otra persona por un día.
El gusanillo por el disfraz lo mantienen esos a los que yo llamo «los
Mortadelo», que aunque cumplen años siguen esperando que lleguen esos
días con impaciencia para disfrazarse con la cuadrilla, con la pareja o
con la familia. Y es que dicen los tolosarras que la clave no es tener
muchos disfraces, sino tener muchos complementos. Será verdad. Los
expertos todavía tienen fuerzas, ganas e imaginación para salir hoy a la
calle y bailar una samba más. O un aurresku o lo que les echen.