martes, 29 de mayo de 2018

Nostalgia usainarekin (II)

Sei hilabete pasatu dira ikastolaren urteurrenaren harira bazkaria egingo genuela iragarri zigutenetik, eta Ikusmira honen lehen zatia idatzi nuenetik. Aipatzen nuen badirela sekula aldatzen ez diren gauzak, eta horietako bat da goizean gertatu zen egoera: mutilak alde batetik eta neskak bestetik. Oroigarri gisa atera genuen argazkian ere banaketa hori nabari da. Zorionez bazkariko mahaien formagatik parean nor izango genuen aukeratzea ez zen erraza, eta gehienok gure konfort gunetik atera behar izan genuen. 

Alboan nituen betidanik lagunak izan ditudan I. eta G., eta parean 2 urte nituela nire «nobioa» izan zena, H., egun batean ilea txukuntzen ari zela flekilloa moztu zidana. Eskuinera, nerabezaroan lagun min bilakatu zen hura, U., egun ezkontzeko zorian dagoena, eta aurrerago sei urtetan nirekin ametsak konpartitu zituen hori, M. 

Zoragarria izan zen ni hain «benetako ni» ez nintzen garai haiek gogora ekartzea, eta konprobatzea nola garai hartan ia harremanik ez nuen horiekin egun primeran konpondu naitekeela. Zoragarria, beste kurtsoetako jendearekin konparatzea eta zein gazte mantentzen garen ikustea, besteek ere gurekin konparatuta berdina pentsatuko badute ere. Txupitoa, gin-tonika, garagardoa, eta enteratu naiz halako beste topaketa bat prestatzen hasi zela taldetxo bat, albora utzi genituen kintadei berriz ekiteko asmoz. 

Orain bai, uste dut gainditu ditudala beldurrak, eta gelako lotsatiaren etiketa bizitza osoan garraiatu behar izan duen batentzat ez da erraza. Esan nuen aurrekoan ere, ni asko aldatu naiz baina gauza batzuk ez dira sekula aldatzen… eta batzuetan hori ere onerako izan daiteke.

Garan argitaratua. 

jueves, 19 de abril de 2018

Pirato, el gato (no compres, adopta)

Hoy quiero presentaros a Pirata. Podía llamarse Angelito o Nube de Azúcar, pero no. Se llama Pirata y actúa como un pirata. Es un poco travieso, digamos. Tenemos una relación de amor odio. Más que como madre e hijo, somos como hermanos. Nos mimamos, nos hacemos arrumacos, pero pronto estamos peleando. Le toco los bigotes, me muerde la nariz. Y así siempre. Pero en el fondo nos queremos mucho.

La verdad es que no le pusimos Pirata por cómo llego a nosotros, pero el nombre le viene bien. El julio pasado hubo una tormenta muy fuerte en mi pueblo, una tormenta de verano de esas con truenos y gotas gordas. Medio pueblo se quedó sin luz y una calle se inundó. Yo tenía fiesta ese día y estaba tomando algo con mi Árbol en un bar. A oscuras. Sin música, todos los clientes se pusieron a hablar de un tema random que me interesaba más bien poco, así que decidí visitar a mi madre en su trabajo. Ella no estaba a oscuras, pero la tienda de enfrente, que es de una amiga, sí. Fue casualidad que yo estuviera allí cuando la amiga entró corriendo en la tienda de mi madre gritando, «hay un gato, hay un gato».

Pirata el 8M, apoyando a las mujeres
A ella le daba un poco de repelus por si le arañaba. Evidentemente pensó que era un gato adulto. Entramos en su tienda a oscuras e hicimos ruido para espantar al animal. De repente un gatito pequeñito y negro salió disparado hacia fuera, directo a la carretera. Gritamos y del susto tiró para el otro lado y se chocó contra la puerta de otro negocio. Conseguí cogerlo. El pobre tiritaba y yo lo tapé como pude sin importarme que fuera un gato callejero y que no sabía ni lo que tenía. Me daba igual.

La chica del negocio contra el que se estampó al verlo dijo, "qué asco, un gato, y encima negro". La amiga tampoco quería acercarse. Entonces comprendí que la vida de ese animalito dependía de mi. Nosotros no queríamos más animales. Ya teníamos bastante con Izar, nuestro conejo gordo, y es que a mí personalmente los gatos no me hacen mucha gracia. Dejé al gato con mi madre en una caja y fui en busca de mi Árbol que ya se estaba impacientando y le dije, "tienda, gatito, mojado", o algo así. Al principio era reacio, pero vino conmigo. No sabíamos qué hacer con él. Al final llamamos al grupo que gestiona las colonias felinas del pueblo y nos dieron el número de la protectora, pero allí dijeron que estaban completos, que si podíamos tenerlo unos días.

Ya no podíamos soltarlo, porque si lo hacíamos éramos los malos. Estabamos obligados a llevarnoslo y nadie nos daba ninguna otra solución: o te lo llevas o lo abandonas y eres la peor persona del mundo. Así que nos lo llevamos. Mi intención era darle atención urgente y después buscarle una casa, ya que nos . Tenía claro que la protectora no nos iba a dar ninguna solución: si se lo han llevado a casa que se lo queden, o algo así debieron de pensar sin tener en cuenta nuestra situación personal. Pero bueno, yo ya le había encontrado un nuevo dueño cuando llegué a casa para darle la noticia a mi Árbol y me dijo, «estoy pensando que podría ser amigo de Izar». 

Y con esa intención nos lo quedamos, le pusimos Pirata como si hubiera venido navegando en la riada y le presentamos a Izar. Al principio parecía que Pirata le tenía miedo, pero a medida que empezó a crecer todo cambió. Hoy en día es una pantera que intenta cazar a su presa, que es tan grande como él y le deja la boca llena de pelos. Pirata lo hace jugando, pero es muy bestia e Izar es ya un viejito que solo quiere mimos. Así que lo tiene estresado. Intentamos no juntarlos demasiado y hacerles mimos por separado.

Pero a Pirata, en sus primeros 6 meses de vida –el veterinario dijo que habría nacido en mayo– le pasó de todo. Pensamos que el día que lo rescaté tenía que haber muerto y yo hice que esquivara su destino, y ahora la muerte le persigue. O eso, o ya ha gastado algunas de sus siete vidas. Porque se dice que los gatos negros dan mala suerte, pero en este caso la mala suerte la tiene él.

Al poco de llevarlo a casa nos fuimos de vacaciones y una conocida miembro de la asociación felina local lo cuidó. A la vuelta nos dijo que se estaba recuperando de una neumonía. Seguramente se enfrió el día que lo encontramos, con la lluvia. Dice que no dejaba de toser y que tenía mala pinta, así que lo llevó al veterinario y le dieron antibióticos.

A nuestra vuelta empezó a hacer cacas blandas y tenía la tirita hinchada, así que le tuvieron que dar medicinas para los parasitos. Otro día mi Árbol estaba en casa y escuchó unos maullidos muy fuertes que venían del pasillo, y al salir se encontró a Pirata colgando de un dedito que se le había quedado enganchado en el radiador. Puntos y antibiótico. Después le esterilizamos, otra vez medicinas. Y del último susto nos estamos recuperando todavía pues un día lo vimos especialmente apático. Pensé que estaba siendo demasiado bueno, que no mordía ni arañaba ni tiraba nada ni apenas se movía. Solo quería estar tumbado y calentito. Le acaricié y ronroneaba, pero cuando le tocaba la tripa se enfadaba mucho y me mordía fuerte, no jugando. Así que llamé al veterinario. Debe de ser el gato más famoso y rentable de la consulta. Dijo que seguramente tendría algo en la vejiga, y que controláramos si hacía pis, porque si no hacía podía ser grave.

Le dieron un analgésico y un anibiotico, y otra vez desparasitante (porque dijimos que se tiraba muchos pedos, y al parecer eso no es normal en los gatos). Le tenían que durar cinco días y si después volvía a ponerse malo le tendrían que hacer placas para ver si era algo peor. Al quinto día se sintió otra vez malito, estaba muy tristón, apático, y al final vomitó (pensamos que por tanto antibiótico). Parecía que se encontraba mejor, pero seguía débil. Ese día le dejamos dormir en nuestra cama por primera vez. También fue la última, porque al día siguiente estaba totalmente recuperado y ya no paraba quieto. Desde entonces está bien y cruzamos los dedos para que solo visitemos al veterinario para las revisiones, porque creo que ya ha cubierto el cupo de enfermedades, accidentes y sustos varios.

jueves, 5 de abril de 2018

El tesoro de la imaginación

Soy periodista porque soy una copiona, y en este caso le copié la profesión a mi prima Olga. Ella es la persona que me vino a la cabeza cuando una vez vi un montón de libros en la basura, y tuve un impulso de llevármelos todos en la mochila. «Los libros jamas se tiran», es el mantra que he escuchado desde pequeña. En mi familia todos son aficionados a la lectura, pero en la casa en la que más libros he visto es en la de Olga. «Su tesssoro». 

Lo cierto es que es una mujer creativa –y un poco «gramanazi»–, y yo creo que también lo soy. Tal vez esa cualidad tenga que ver con el tipo de lectura que me gusta. No me avergüenza admitir que soy aficionada a la literatura juvenil, tal vez por su frescura y sencillez en el lenguaje, sin palabras rimbombantes. 

Resulta que la Universidad de Toronto ha realizado un estudio que sugiere que quienes leen relatos breves de ficción son más abiertos de mente que quieres prefieren los ensayos de no ficción. Estos últimos pueden ayudar a aprender sobre un tema, pero no invitan a pensar sobre el mismo. En cambio, la ficción nos mete en mundos con más o menos parecido con la realidad, pudiendo ser el protagonista un niño mago (“Harry Potter”), una mujer que se reencarna (“Maldito karma”) o un conejo (“La colina de Watership”). 

Me leí “El principito” ya mayor y hoy en día creo que debería ser el libro que todos los bebés reciban al nacer, que tenga su propio espacio en todas las habitaciones de Euskal Herria. Todo el mundo merece saber que una serpiente puede comerse a un elefante si se lo propone.

Publicado en Gara. 


martes, 3 de abril de 2018

El post de las uñas. ¡Soy exonicofaga!

Este tema puede ser un poco random con lo que vengo escribiendo últimamente pero como ex onicofaga que soy es un tema recurrente en mi día a día, y creo que lucha por tener unas uñas bonitas podría ayudar a otra gente.

En primer lugar, tengo que contar que yo me he comido las uñas desde los 4 años hasta los 24. Osea, 20 años de tortura heredada de mi tío. De mi madre heredé el arrancarme la piel de los dedos, lo cual me parece un vicio más feo aún que trato de combatir, pero desde que dejé de comerme las uñas me masacro más los dedos. Ya no sé ni qué hacer.

Pero bueno, el tema aquí son las uñas. Mi padre solía darme manotazos cuando me llevaba la mano a la boca, y lo único que conseguía era que me arrancara un trozo de uña en plan mal o dejarme a medias creandome aún más ansiedad, así que cuando no me miraba no me comía solo esa uña sino todas las demás.

Después, ya más mayor y por voluntad propia intenté dejar de mordermelas con un líquidos desees que saben amargo. Lo que pasaba era que sí, era asqueroso, pero no solo las uñas sino todo lo que tocaba con las manos. Si me echaba vaselina, los labios me sabían mal. Si comía un bocadillo… pues eso. Y total, que al final me acostumbré al sabor y terminaba comiendome las uñas igual porque por muy mal sabor que tuvieran ya era un sabor normal para mi y no me "despertaba". Es decir, se supone que este sabor es para decirte "hey chavala, que te estás mordiendo las uñas" y tu, al darte cuenta, dejes de hacerlo por voluntad propia. Porque muchas veces nos comemos las uñas sin querer, sin darnos cuenta, cuando estamos nerviosas o aburridas, es una forma de desestresarse. Así que no lo hacemos por molestar a nadie ni para ponernos feas las manos. Ya sabemos que son fea, no nos lo repitáis constantemente.

Luego decidí probar a pintarmelas, pues aunque no tuviera mucha uña me apetecía llevar color. Y me di cuenta de que así me entretenía en quitarme el esmalte antes de morder la uña. Algo es algo.

Pero la solución final fue mi amiga y sus manos bonitas. Ella era onicofaga también. De hecho, hoy en día tiene arrebatos y se las come y luego se arrepiente muchísimo, pero bueno, ella no se come las pieles así que aun con las uñas cortas sigue teniendo unas manos bonitas. La cuestión es que esta amiga se fue de Erasmus, y cuando volvió tenía las uñas largas. No sé cuál fue su truco, pero el mío fue verla a ella. Si ella puede yo también. Fue mi inspiración.

Y así cada vez que miraba mis uñas con deseo me venía a la mente las suyas y se me pasaba. Pero me di cuenta de que las esquinitas que empezaban a sobresalir me resultaban demasiado atractivas, así que terminé por meter una lima en el bolso y en cuanto quería morder, limaba a tope. Seguía teniendo las uñas cortas pero me estaba quitando el hábito de morderlas.

Y hasta hoy. Sigo llevando una lima siempre, y me ha pasado que si se me olvida entro corriendo en una droguería a por una nueva. Porque resulta que aunque ya no las muerda, sigo llevandomelas a la boca, y juego mucho con ellas. Sumado a que 20 años de onicofagia las han debilitado, a la mínima se me rajan. Y claro, yo no puedo ir por ahí con una uña a medias. Ni con una uña corta y las demás largas. Así que limo y listo, mejor cortas y bien que largas y mal.

En cualquier caso yo no las llevo nunca demasiado largas porque se me hacen incómodas y, como he dicho, porque se me rompen, pero si alcanzo cierta longitud me gusta hacermelas semipermanentes porque me las refuerza y me quedan bonitas sin hacerles nada, y además al verlas así como que se me frena un poco el impulso de comerle las pieles.

Normalmente antes de tirar de dientes, suelo hurgar con las uñas hasta levantar la piel. Si llevo las uñas semipermanete me cuesta más, yo creo que porque quedan más gorditas, brillante-resvalosas y con la punta sellada. Además como me echan aceites en las cutículas y cosas, la piel queda más suave y no siento tantas ganas de quitar piel muerta. Al final lo que suelo arrancarme son los callos, hechos a base de arrancar la piel durante años. Así que supongo que la solución final será encontrar una crema de manos que hidrate sin engrasar y no despegarme de ella.

En cuanto a mi último descubrimiento, os tengo que hablar de los esmaltes de gel que puedes hacer en casa. En mi caso tengo el kit de Gel Touch, que tiene una lampara led pequeña, unas toallitas limpiadoras y el top coat.  También tengo de esos top coat efecto gel que no necesitan lampara, que se secan con la luz natural, y también me gustan solo que tardan más en secar y aunque parezca que ya los puedes total, si te rozas con algo antes de que esté seco de verdad termina estropeandose. Así que por ejemplo, nada de ducharse con estas uñas recién hechas. En cambio con las de lampara puedes hacerlo en el momento.

Ambos top coat me gustan porque funcionan sobre cualquier pintauñas normal, y además, que al no ser profesionales –vamos, que no me las hago igual de bien– pues no me duran tanto pero tampoco se pegan a la uña la vida y media, sino que puedes arrancarlas en plan peel off. No, no es una bestialidad, de hecho recomiendan hacerlo así.

Los top coat de lampara quedan pegajosos después de secarse, y para eso son las toallitas, que básicamente son alcohol. Así que os digo que yo me suelo limpiar con un algodón mojado en colonia, tal cual, y se me quedan perfectas. Seguro que compraré más esmaltes de este estilo ya que parece que se han democratizado porque no suelo tener tiempo de ir a hacerme las uñas, y los esmaltes normales no me duran nada. Creo que así les sacaré más uso a los que tengo de colores.

Por cierto, la última vez que fui a hacerme las uñas me las masacraron. Me las limaron antes del esmalte muchísimo. Lo normal es quitar el brillo con un pulidor suave para que se adhiera bien el esmalte, pero es que ella lo hizo con una lima de grano gordo, que me estaba dando dentera y todo y sentía cómo me estaba dejando la uña súper fina. Para colmo, no me selló bien las esquinas y me duraron muy poquito, así que me quedé con una uña hiperfina que me dolía y todo tocarla. Esa fue la razón por la que compré el pintauñas de gel, para hacermelo yo en casa cuando quisiera a lo largo de estos dos meses en los que por fin vuelvo a tener mi uña normal. Este tipo de esmalte me hace sentir la uña más protegida y fuerte, y como me lo hago yo pues no me la daño más.

También he estado usando endurecedor, crema de manos hidratante de uñas, aceite de uñas, y he tomado cápsulas de levadura de cerveza. Con todo ello he conseguido que los estragos de esa "profesional" no sean tan duros. Eso me pasa por ir donde desconocidas…

En fin, eso es todo. Si vosotras también os masacráis los dedos dejad vuestros consejos por fis, y si sois onicofagas pues espero ayudaros a dejar ese hábito y tener, por lo menos, unas uñas funcionales. Porque. ¡qué gusto da rascarse la espalda con las uñas!

lunes, 2 de abril de 2018

Una historia de la abu

Mi abu solía contar como una vez, en la feria, pidió a su hermano mayor que la llevara a comprar zapatos. Él le llevó en burro, porque había que ir al pueblo de al lado, a comprarselos. Volvió y salió de estreno aquél día.

Hasta ahí lo que contaba mi abu. Decía de su hermano que era muy bueno con ella. Punto.

Eso seguro, era muy bueno, pero también tenía muy mala leche cuando se enfadaba así que cuando nos enteramos de la segunda parte de la historia nos partíamos de risa. Mi abu nunca nos la contó.

Al parecer, cuando llegaron a casa con los zapatos nuevos mi abu se dio cuenta de que los dos eran del mismo pie. Pero ella, por no enfadar a su hermano, se los puso y salió como si nada. Fue su amiga la que nos contó la historia, entre lágrimas de risa al recordar verla bajar por la cuesta con unos andares muy raros.

Mi abu ya no recuerda nada, pero cuando estaba bien y se lo recordábamos se enfadaba mucho con su amiga. Le daba rabia que nos lo hubiera contado. Nosotros nos alegramos de saber esta historia, que contaremos una y otra vez porque guardan parte de la esencia de nuestros mayores.

Ahora todo es tan diferente…

miércoles, 28 de marzo de 2018

De los tiempos de Fotolog

El otro día tuve un punch de inspiración y vino a mi mente el nombre del Fotolog que utilizábamos las amigas de clase. Una pena que no recordara también el email y la contraseña que utilizamos para registrarnos porque de ser así, de un arrebato, lo hubiera borrado. Pero oh my god, qué reliquia.

Se suponía que era un Flog (así lo llamábamos, no?) comunitario, en el que todas debíamos participar poniendo fotos o comentando, y como sólo podíamos hacerlo desde la cuenta con la que nos registramos, todas nosotras teníamos la contraseña. Al terminar nuestra aportación debíamos firmar con nuestro nombre porque si no era imposible saber cuán de las siete había escrito.

Generamente yo era la que ponía fotos e insistía a las demás para que participaran. Había una que me seguía la corriente y de vez en cuando subía fotos o escribía comentarios y firmaba. Yo subía fotos de mis amigos o de las fiestorras de fin de semana, y les contaba cómo había ido. Pero recordad que en esa época en la que mandar mensajes con el móvil costaba dinero acortábamos las palabras muchísimo, y yo, por lo que veo, era una experta porque hasta para escribir en los post ponía "kosas k hoy en día m kuest leer". En realidad escribía mucho peor, pero afortunadamente mis dedos aprendieron la mecánica del teclado y ahora me es muy difícil escribir así.

Qué tiempos. Si hubiera sabido que Fotolog cerraría y nos dejaría a todos con el culo al aire, con todas esas foto ahí, sin posibilidad de borrarlas (o yo al menos no he encontrado manera). Cuando dijeron que Fotolog cerraba las puertas supuse que su servidor desaparecería también, y con él todo el contenido de la primera red social de la historia. Algo así como pasó con Tuenti, que avisaron que se borraría todo y ahí me teníais como una loca recuperando esas fotos en las que me etiquetaban pero no había guardado. Pero no fue así, y todas nuestras vergüenzas juveniles quedaron ahí, colgadas en el limbo de la tecnología, con unas letras que me hacen parecer mucho más choni de lo que soy.

Ay, parfavar.

Aún recuerdo una ocasión en la que la cagamos pero bien. En realidad no fue una cagada, sino un malentendido que dura hasta hoy. Como he dicho, solo dos de las 7 amigas éramos realmente activas en el Flog, pero un día se le ocurrió postear a una de las 5 restantes. No firmó. Puso una foto de un compañero de clase y comentó ciertas cosas sobre él y sobre otro par de compañeras. Realmente cualquiera que nos leyera habitualmente o nos conociera entendería que el comentario que hizo al respecto no era ningún dardo envenenado, sino una broma. Entre nosotras nos llamábamos lerdas, flipadas y chulas, y así andábamos poniendo calificativos a todo el mundo, pero no iba en serio.

Resulta que este chico en cuestión era el típico que sabe de todo. Era muy listo y nos sentíamos realmente tontas. Así que empezamos a llamarle Pitagorín, no por meternos con él sino aceptando lo tontas que nos sentíamos. A su vez, a las otras dos compañeras que que mencionaba las llamábamos viciosillas. Suena fatal, lo sé, pero una vez más no era por meternos con ellas. Era porque solían ir muy guapas a clase, y nosotras justo justo íbamos peinadas, y solían pintarse mucho los ojos y un día a alguna se le ocurrió decir que tenían mirada viciosilla, cuando en realidad quería decir algo así como sexy. Y se les quedó.

¿Qué pasó? Pues que mi amiga que, repito, NO firmó, puso todo eso sin tener en cuenta de que era un comentario público, y no entre nosotras, y que probablemente quien no tuviera suficiente trato con nosotras se lo tomaría a mal.  Y así pasó. El chico en cuestión leyó el comentario y me puso de vuelta y media A MÍ! claro, yo era quien normalmente escribía en el blog. Tuve la necesidad de explicarle que no había sido yo quien lo había escrito, pero que aun así no iba de mala manera. Le hice un resumen, pero no le cuadró. Cuando se lo conté a mi amiga se reía, no le daba importancia, y es que ella tiene otro carácter… es más pasota.

Total, que me sentí fatal por lo que había pasado y aún hoy me arrepiento de no haber abierto aquél Flog yo solita, porque sí, ahora mismo habría un montón de fotos y comentarios absurdos míos del final de mi adolescencia, pero jamás de los jamases hubiera publicado algo que pensara que podría resultar ofensivo para alguien.

Así que bueno, dudo mucho que algún día fuéramos amigos ese chico y yo, pero aun así me sabe mal porque sé que no es posible caer bien a todo el mundo, pero me da rabia que fuera por algo que no hice yo.

No os pienso decir la dirección del Flog, si es lo que pensabais, pero termino con una lista (robada) de recuerdos que nos deja «la versión beta de Instragram»:

-La gente publicaba sin filtro: lo que os he dicho, que ahí lo contábamos todo como si fuera nuestro grupo de Whatsapp, y luego pasaba lo que pasaba.

-Comentarse era símbolo de amistad: hoy en día le damos "like" a las fotos de nuestros amigos en Insta, aunque estemos hartas de sus dos mil selfies con morritos o de su gato o de sus vacaciones en la montaña. Pero son tus amigos. Antes entrábamos en Flog y, como no existía ni "me gusta" ni corazoncitos, pues la única forma de hacer saber que te habías pasado era comentar.

-Dedicar canciones a la persona anónima que te gustaba: Esto creo que no lo llegué a hacer, pero sí que le dediqué canciones a algún amigo.

-Meterse en un bucle de perfil en perfil: algo así como me pasa ahora en la Wikipedia, que tras ocho páginas ya no recuerdo qué estaba buscando.

-Los primeros problemas provocados por una red social: básicamente lo que nos pasó a nosotras con el chico este de la foto.

-TKM mi niño gÜ@pò: Eske ya n rekuerd komo skribia xo era algo asi. Las Ks, todas para mí!

-Eskanear fotos para subirlas al perfil: Well, yo tuve una cámara digital bastante pronto y además era una puta paparazzi. Ahora repaso fotos de aquella época y tengo a medio pueblo fichado, así que más vale que nadie se meta conmigo o saco a la luz su oscuro pasado. Con esto quiero decir que eso de escanear fotos no se aplicaba porque contaba con una gran selección de fotos de las que echar mano.

-Escribir en clave: se refiere a esas páginas que surgieron en las que escribías un texto y le daba la vuelta a los caracteres para que fuera más difícil leerlos, pero no recuerdo haber hecho esto nada más que para poner mi nombre en el perfil del Messenger en una ocasión.

-Tener un Fotolog en común era la unión definitiva: ¿Qué os decía? Nosotras éramos inseparables, que para eso pasábamos taaantas horas juntas en la facultad.

-Personalizar tus colores: nuestro Flog tenía fondo negro y letras verdes pistacho, no os digo más. He leído un par de páginas hoy y me ha costado recuperar la vista.

-La simplicidad: Elegir una foto, subirla, ponerle un texto y comentar. Pues eso, como hoy en Insta pero sin postureo.

-MySpace fue su primer gran enemigo: Mucho antes de que fuera una plataforma para música aquello era una especie de perfiles personales. Recuerdo que intenté hacer uno con mis amigos pero, adivinad, nadie participaba excepto yo, así que terminé haciendo lo que debía haber hecho con el Flog y era gestionarlo yo solita, para mí, con mis cositas. Terminó siendo un cúmulo de carpetas de fotos de grupos (the Rasmus), series (La tribu) y películas (El señor de los anillos) que me gustaban. Y ahí la gente que me comentaba eran desconocidos con los mismos gustos, y era todo mucho mejor. Desconozco si mi espacio seguirá estando en el limbo tecnológico o estos hicieron bien eso de desaparecer del mapa.

lunes, 12 de marzo de 2018

Wanderlust

Llevaba tiempo rumiando la idea de un nuevo tattoo. Se me ocurrió una rosa de los vientos, por eso de que amo viajar, pero no tenía muy claro dónde me quedaría bien. Me Árbol se me adelantó y me robó la idea descaradamente con el pretexto de que, si algún día, decidía dónde hacerme la rosa de los vientos no le importaba para nada que ambos la lleváramos. Pero a mí sí. Una cosa es llevar motivos habituales que mucha gente repite, y otra llevar uno habitual que además tiene mi pareja también.

Si hubiéramos decidido tatuarnos algo juntos, algo elegido por ambos pensando en lo que queremos expresar, no me molestaría, pero así sí. Se me quitaron las ganas de rosa de los vientos. En cualquier caso, sigo sin saber dónde podría quedarme bien… pero se me ocurrió otra cosa mucho más delicada que también tiene que ver con los viajes: la palabra wanderlust. Sí, también la lleva mucha gente. No soy tan original como pensaba. Creía que podría quedar bien en el pecho, sobre el corazón, más o menos, tal vez con algún adorno, pero no tenía nada concretado.

Llegó el día de la cita del tatuaje de mi Árbol, pues él en seguida decidió dónde lo quería: en la cara interna del bíceps. Y para rizar más el rizo me robó otra posible idea y se puso un mapamundi de fondo. Pero bueno, ahí estaba yo esperando que le doliera mucho mucho mucho. Es broma, pero sí que suponía que le picaría bastante y por eso le acompañé. Pero ni se inmutó.

Cuando estaba terminando le pregunté al tatuador si él me haría el tau de wanderlust, y me dijo que si quería me lo hacía su compañera en ese momento. Y claro, calentada como estaba, pues dije que sí. Buscamos una letra que me gustara y decidí ponerle un corazón al lado, porque va en el lado del corazón y porque creo que mi hobby es ese, viajar. Lo amo. Y punto.

Me aconsejó hacermelo en la clavícula por eso de seguir la forma del cuerpo, y bueno, le hice caso. Asi que ahora van las conclusiones:

-Wanderlust es una palabra de origen germano que se traduce como "deseo o pasión por viajar". Es muy de culo-inquietos que no pueden estar en casa, y bueno, yo agradezco tener un hogar donde caerme muerta y un sofá donde poder hincharme a ver Netflix, pero por otro lado, si tuviera tiempo y dinero, los invertiría en viajar por todo el mundo conociendo las diferentes culturas y costumbres, y eso, amichis, es el espíritu wanderlust. Cabe mencionar que no entiendo a la gente que no le gusta viajar.

-¿Duele un tatuaje en la clavícula? Sí, bastante, pero es una zona tan pequeña que se puede soportar sin problema. Vamos, que lo aguanté yo y soy una quejica. Si como en mi caso se trata de un dibujo sencillo, se cura rápido y no da problemas.

-Mi opinión sobre mi tatu en concreto es que quizás las letras me las hiciera un pelín más gordas de lo que yo quería, y me da miedo que con el tiempo terminen juntandose. Pero he leído que la solución es perfilarlas con tinta blanca. Tiempo al tiempo. Mi Árbol dice que si me las hubiera hecho más finas no se verían y con el tiempo terminaría borrandose. Confío en la elección de la artista. En cuanto al corazón, lo miro y tal vez quedaría mejor sin él, solo la palabra, pero miro otros tatuajes de otra gente y bleh, es como que le falta algo. Y bueno, al fin y al cabo siempre había querido tatuarme un corazón y esta es una buena excusa: en el lado izquierdo y por algo que (¿lo he dicho ya?) amo.

El suicidio no es glamouroso

Los estudios dicen que cada vez que en la prensa se habla sobre un suicidio ocurren más. A esto se le llama "Efecto Werther", término acuñado por primera vez en 1974 por el sociólogo David Phillips. Este demostró que los suicidios se incrementaban en Estados Unidos al mes siguiente de que el New York Times publicara en portada alguna noticia relacionada. Desde entonces algunos medios decidieron dejar de dar este tipo de noticias.

Yo no soy socióloga ni sicóloga, y no pretendo dar lecciones a nadie, pero soy periodista y quiero dar mi opinión. Creo que algunos medios buscan el morbo puro, dándole a veces al relato un aspecto literario que le da a la muerte un aire épico. Creo que ahí está el error. Creo que hablar del suicidio sería positivo siempre y cuando no se vea como un tabú. Si somos abiertos, si hablamos de ello correctamente, sin tapujos, como lo que es: el fin. El fin de los problemas, pero también el fin de todas las cosas maravillosas que en esos momentos de tristeza no vemos, pero que están ahí.

El suicidio es una opción. Es la elección de cada persona, pero hay muchas más opciones y la muerte siempre puede esperar. Si alguien está leyendo esto y tiene intención de despedirse de todo le pediría que esperara, que dejara pasar el tiempo pues en caliente no se toman buenas decisiones. Y bueno, si te haces un tatuaje en caliente, pues ahí llevarás una marca para siempre, pero la muerte es irreversible. Te perderás mil puestas de sol, gente muy interesante, viajes, nuevos sabores, un buen libro o esa nueva película taquillera que te hará soñar, una nueva afición que te enganchará de tal manera que te cambiará la vida.

La muerte no tiene nada de glamurosa. Morimos y ya, y quien se queda aquí sufre. Sufre tanto como tu estás sufriendo. A veces lo superarán y otras veces se hundirán. Habrá quien falsamente llore tu muerte, porque parece que cuando morimos todos somos buenos, pero eso no vale nada. ¿Para qué quiero yo que finja amor alguien que en vida no me quiso? Así que si buscar reconocimiento bórralo de tu cabeza. Se me ocurren mil maneras mejores en las que encontrarlo.

Y si he conseguido que por lo menos te lo pienses ya estoy contenta. Deberías buscar alguien con quien hablar. Puede ser un familiar o un amigo, aunque tal vez tengas miedo de contarle tus cosas porque no quieres cargarle con tus problemas o porque temes que te digan que no es para tanto. Si para ti es importante, es importante. No dejes que nadie te diga lo contrario.

Te digo por experiencia que a veces es más fácil contarle las cosas a un desconocido que a un conocido. Yo misma utilizo este blog como una vía de escape cuando siento que me ahogo. Lo suelto, me quedo más tranquila y en dos o tres días vuelvo a sentirme con fuerzas para comerme el mundo. Porque sí, porque a veces me siento mierda pero otras veces superheroína, y mi objetivo es estar más veces arriba y menos abajo, porque aunque el mundo sea cruel, la vida puede ser maravillosa, y depende mucho de nuestra actitud y de lo que hagamos para que sea así.

Otra opción, si no quieres escribir nada, es que llames a algún teléfono de ayuda.

El teléfono de la esperanza, por ejemplo. Te cogerá alguien, escucharás tus problemas y no te juzgará, te lo aseguro. Si no quieres llamar ahí, porque te da vergüenza, puedes recurrir a un foro. Elije un apodo y cuenta lo que te pasa. Estoy segura de que encontrarás apoyo.

Y para terminar, te diré lo que hago cuando estoy triste: me tomo un tiempo para mí. Puede ser un día o un viaje de un par de días. Si es un viaje, nada como planear una agenda llena de cosas que ver y descubrir. Si es un día, lo invierto en cosas que me gustan como dar un paseo sola escuchando música que me llene de energía, me tomo un buen desayuno en una cafetería mientras miro a la gente. Me gusta mirar a la gente. Siento el aire en mi cara, si llueve pues que llueva, si lloro pues lloro, y si la gente me mira pues que mire. Si decido pasear, camino rápido, que sienta el corazón bombear. Te recomiendo que cuando camines lo hagas erguido, con la cabeza bien alta y sonrías. Esto es un truco que puede parecer tonto pero funciona. Levanta los brazos bien altos al cielo y grita, verás que te sientes mejor. Date un capricho y cómprate una nueva camiseta, vete a la peluquería, comete un pastel. Haz lo que te de la gana, porque ese día es para ti. Y verás que es maravilloso :) Evidentemente no siempre podemos hacer lo que queremos, pero de vez en cuando sí. ¿Acaso no es nuestra vida?

Puedes, ser feliz, claro que puedes, pero la felicidad no es una constante. Para sentirla necesitamos pasar por baches de vez en cuando. Los humanos somos inestables. Pero no pasa nada, lo importante es enfrentarlos, porque como dice la canción, todos los días sale el sol. ¡A por todas, valiente!

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