domingo, 29 de diciembre de 2013

La afición a la lectura no se obtiene obligando a leer

Me gusta leer, pero no soy una fanática de la lectura. En mi familia hay varias personas que cuando terminan de leer un libro necesitan tener otro en las manos, sin descanso, y se lo devorarán en un abrir y cerrar de ojos. Mi gusto por la lectura no llega a tal extremo, pero desde luego ahora me gusta bastante más que de niña (que no es que me disgustara).

Como en mi casa siempre se ha leído, entre libros heredados y la suscripción al Circulo de Lectores, mis estanterías siempre estaban llenas. Haciendo memoria me he acordado de un libro interactivo de misterio en el que un grupo de niños investigaban el robo de unas joyas o algo… lo curioso de este libro es que no implicaba la simple lectura, sino las decisiones de los lectores. A veces planteaban una pregunta y según la respuesta dada nos enviaba a una página u otra con finales alternativos. En sus páginas había acertijos que convenía resolver para avanzar y algunas páginas estaban escritas al revés, así que había que leerlas con un espejo (esto me recuerda a unos librillos de relatos medio guarretes que traía la revista Vale o Bravo, no me acuerdo, cuyo desenlace solo se podía leer a oscuras porque estaban escritos con tinta fluorescente).

Los libros que leí en casa, por voluntad propia, los leí siempre gustosamente. Excepto uno que me provocaba sueño y lo tenía que dejar. De hecho, no lo he terminado y aunque sea para niños tengo pendiente leerlo. Lo que quiero decir es que yo era una de las pocas niñas de la escuela que leía por que quería, pero incluso yo tenía pereza de leer cuando nos obligaban en clase. Entiendo que quieran fomentar la lectura en los niños pero esa no me parece una buena opción: nos daban un libro y una fecha para terminarlo.

Creo que sería más eficaz dar una lista de libros de temática y longitud variada. Habrá quienes elijan la novela romántica y quienes elijan el que tiene menos páginas. ¿Qué más da si la cuestión es leer? Y estoy segura de que si entre las opciones se incluyera un libro interactivo como el que yo leí mucha gente aprendería qué es eso de imaginar historias apasionantes a través de las letras.

No dejo de quitarme de la cabeza aquél día en que, ya mayorcitos, nos dijeron que teníamos que leer un libro por lo menos ese trimestre, y cuando llegó el día el 90% de nosotros se limitaron a explicar la sinopsis o algún resumen encontrado en internet. Claro que eran incapaces de describir al protagonista si se les preguntaba… me dio pena esa situación porque a cierta edad y más aun ahora donde todo es tan visual es difícil fomentar la lectura; hay que hacerlo desde pequeños, y desde luego mis profesores no supieron hacerlo. Afortunadamente mi familia sí.
«¡Y un jamón!» –dijo la bruja Mon.