lunes, 10 de diciembre de 2018

"Ajuar funerario", el cómic

El autor peruano Fernando Iwasaki escribió el libro de microrelatos "Ajuar funerario" en 2004. Fue todo un éxito y  ha sido traducido a muchos idiomas. Ahora la editorial Páginas de Espuma lo ha traducido pero no en idioma, sino en formato. 

El libro original


El renovado "Ajuar funerario" es un cómic desarrollado por dos vascos: el guionista Imanol Ortiz y el ilustrador Beñat Olea. Como a Ortiz no lo conozco no puedo hablar de él, pero sí de Beñat, apasionado de la ilustración desde pequeño. Guardo con cariño todos los dibujos que me hacía cuando íbamos juntos a la escuela, y más tarde cuando compartimos piso en los años de universidad. Él hizo las invitaciones de nuestra boda, y sé de más de un invitado que la tiene colocada en casa de adorno porque es una verdadera pieza de arte. 

La versión en cómic

Estoy muy orgullosa de él porque es mi amigo, pero también porque es un gran artista que poco a poco, con mucho esfuerzo, está consiguiendo sus sueños. Ilustrar es su pasión, pero yo creo que haber realizado un cómic completo se situaba muy alto en su bucket list. Aficionado al manga como es, solía hacer historietas de sus amigos que nos transformábamos en una especie de guerreros que luchaban contra el mal. Creo que todos menos él sabíamos que algún día firmaría un cómic de verdad, con su tapa dura y a todo color. Y qué mejor oportunidad que basarse en los relatos de terror de Fernando Iwasaki, si el terror, lo turbio, lo spooky, es otra de sus aficiones y el hilo conductor de la mayoría de sus ilustraciones independientes.

Si os gusta el cómic, las historias de terror, pero sobre todo la ilustración, aquí tenéis una pequeña joya:

Cómpralo en la Fnac

o si lo prefieres en Amazon

viernes, 7 de diciembre de 2018

Capitola Watches

Hace unos meses me contactaron por privado en Instagram las chicas de Capitola Watches. Se trata de una start up de relojes desarrollada en Zaragoza con un grupo de jóvenes que encontraron un nicho de mercado al observar que hay muchas marcas de relojes baratos y muchas de relojes caros, pero que no hay tantas de una gama media. 


Para ser sincera, nunca había oído hablar de la marca. Cuando me contactaron me pareció raro que me ofrecieran una colaboración porque mi contenido no es de moda, y con mis 700 seguidores no soy ninguna influencer. Además soy de la opinión de que nadie da nada gratis. Pero su forma de tratarme me gustó, fueron amables y claros, y no insistieron, simplemente me comentaron lo que ofrecían y lo dejaron en mis manos.

Bien, la colaboración consistía en darme la oportunidad de ser embajadora de la marca ofreciendome un descuento del 30% para todos mis pedidos, y además me proporcionaban un código de descuento del 15% para ofrecerselo a la gente. Cada vez que alguien usara mi código a mi me darían una parte de dinero de la compra (no se si en forma económica en mi cuenta o en forma de cupón para futuras compras).

La cosa es que entré en su web y me gustaron los relojes. Cuestan como 60 euros y son modernos a la par de elegantes. Creo que su imagen pega bastante con que sean unos empresarios jóvenes, y que usan las redes sociales como principal publicidad. Le eché el ojo a un reloj de la gama Mesh en oro rosa. Así que les indiqué que me gustaría colaborar con ellos, pero no inmediatamente sino más cara da diciembre. Navidades, ya tu sabeh.

A finales de noviembre, con el Black Friday tocando la puerta, me mandaron un email explicando que sabían que me había apuntado para diciembre, pero que querían hacerme saber su oferta para ese periodo de descuentos: a mi 30% de embajadora le podría sumar el 10% del Black Friday. Vamos, que pequé. Vaya si pequé que me pedí el de oro rosa para mi y un Mesh negro para mi Árbol. Además, al hacer el pedido me di cuenta de que una parte de la compra de los relojes Mesh la donan a una ONG. Guay. 

Este es el mío :)

Hay más modelos. El Mesh es el que más me gustó a mí, con correa de metal, pero los hay de ante , de cuero –sintético– y metalizados, y luego tienen ediciones especiales de reloj con pulserita, y también venden las correas aparte, compatibles e intercambiables para todos sus relojes.

Total, que me han encantado los relojes. Hasta a mi suegra le han gustado y le he comprado uno como el mío, Mesh de oro rosa, pero con la esfera también en ese color. Se lo regalaré para Navidad. En lo que se refiere a mi experiencia, no llevo mucho tiempo usando mi Capitola así que no puedo hablar de durabilidad, pero es bonito y parecer fuerte. De momento un 10.

Por eso, porque me han gustado, os dejo aquí mi código de 15% de descuento por si alguien lo quiere aprovechar. Si no me dieran dinero/cupón/loqueseaquemeden también lo pondría porque oye, a todo el mundo le viene bien ahorrarse unas perrillas. Y como siempre, si no me gustara no les haría publi –ni pondría el código–, porque ante todo sinceridad. 


Código de 15% de descuento: 
 
TIMETODREAM




martes, 4 de diciembre de 2018

The Rasmus y mi frikipanda

¿Alguna vez os ha pasado que conectáis con algo de tal manera que le seis fiel eternamente?

A mi me pasó con The Rasmus. Tal vez haya gente que no los conozca, o gente que piense que fue un grupo de un solo éxito. Lo cierto es que pasado aquel boom de 2003 con "In the shadows" han sabido seguir adelante, a pesar de no estar en lo más alto como estaban entonces. Llamadme idiota, pero creo que su personalidad les ha ayudado a no caer. Rockeros, oscuros, y sin embargo sin signos de los excesos a los que nos tienen acostumbrados los cabezas de cartel (para muestra, un botón. Aquí lo que Pauli, el guitarrista, respondió en una entrevista: «Después de un éxito así, algunos grupos empiezan a beber cerveza y a esnifar cocaína, y estoy muy contento de que nosotros no lo hayamos hecho»). Los hay que tocan el cielo con sus dedos y cuando caen no son capaces de levantarse. Ellos estuvieron arriba y cuando su éxito decayó abrieron el paracaídas, disfrutando de cada nuevo paso que daban, siempre agradecidos con sus fans.

Pero os cuento por qué se convirtieron en tan importantes para mi. Yo fui una niña feliz y también una adolescente feliz, y me gusta pensar que en parte fue gracias a ellos. Cuando tienes 15 años, las hormonas revolucionadas, una crisis existencial bastante importante y sientes que no encajas con la gente "normal", el tener alguien en quien apoyarte es importante. Y resultó que en clase entre mis amigos había un par con los que empecé a compartir gustos. Esas amistades me regalaron otras, tan bonitas que duran hasta hoy.

Nos unía el frikismo, cada uno con su grado pero respetandonos los unos a los otros. Todo empezó con sábados de cine y esoterismo en la ciudad, coronados con un batido en tertulia sobre  "El señor de los anillos". La palabra friki, que tanta gente toma como peyorativa, se me hizo preciosa. Estoy orgullosa de ser una friki y de tener amigos aún más frikis. Cuando alguien quiere herirte y no puede, deja de intentarlo. De hecho, creo que se notaba tanto lo feliz que era que mis compañeros jamás intentaron meterse conmigo, o si lo intentaron ni me di cuenta.

Aquellas amistades me descubrieron a The Rasmus. Y yo, que siempre he sido bastante ecléctica, les di una oportunidad. Pasé de Laura Pausini a Ska-p, y luego a Barbra Streisand, Celine Dion, Whitney Houston y Bryan Adams. Cuando el rock finlandés llegó a mí mi ropa se volvió más oscura, mis muñecos macabros, en mi habitación solo sonaban riffs de guitarra y las paredes estaban empapeladas con pósters de chicos emo. Los primeros fueron The Rasmus, y después vinieron HIM, My chemical romance, Green Day, 30 seconds to mars, Evanescence, Within Temptation, Apocalyptica, Nightwish, Simple plan… en fin, todo lo que estéticamente –que no musicalmente– fuera similar.

Pasaron los años, yo crecí, seguí con mis gustos tan diversos hasta el punto de que me pones un "Despacito" o un "Wannabe" y lo gozo igual que un "Nothing else matters" o un "Flying free". Sigo siendo una frikaza, aunque he llegado a la conclusión de que todos lo somos, cada uno de sus cosas, la diferencia es que algunos lo admitimos y otros viven acomplejados. Sigo escuchando también a aquellos grupos de mi adolescencia, los disfruto, sobre todo si escucho canciones antiguas aunque no les hago ascos a las nuevas. Incluso he ido a algún concierto a posteriori. Pero no dejan de ser grupos de paso en mi vida. Excepto The Rasmus. Solo los he visto en directo dos veces, y me gustaría ir una tercera, cuarta o quinta vez. He crecido con ellos, y sé que aunque ahora sea una persona adulta (ejem), me pondría hecha un flan si los tuviera delante.

Jamás olvidaré el primer concierto, en la mítica sala Jam de Bergara, año 2003. Tenía 16 años y hacía uno que los conocía, pero ya era una fanática. Tenía todos sus discos hasta el momento, hasta aquellos en los que sonaban raro. Me sabía sus canciones al dedillo, también las que eran en finlandés (aún hoy puedo cantar "Rakkauslaulu"). Estabamos en la puerta de la sala nada más comer, y ya había gente. En el club de fans habíamos quedado en identificarnos llevando un lazo rojo al cuello, pero a mi me daba vergüenza así que no me lo puse. Pero sí terminé hablando con alguna chica. A mi amigo Obscure le tocó el Meet & Greet de la radio y le dejé mi cámara para que se sacara fotos con ellos. Cuando salió lo interrogué. Me moría de los nervios.

Cuando abrieron las puertas aquello parecía el primer día de rebajas, pero logramos un buen sitio. Segunda fila, frente a Eero, el bajista, mi segundo favorito. El primero siempre fue Aki, el batería. La que era mi primera cámara digital echó chispas aquella tarde. Cuando terminó me compré un póster de esos que cubren la puerta entera, con la suerte de que Aki salió a firmar. Yo tenía un crush muy fuerte con él. Tenía el clasificador de clase lleno de caras de Aki, así que el hecho de poder verlo de cerca para mí era too much.

Me acerqué a aquel grupo de chavalas alborotadas y le di mi póster para que lo firmara. Lo firmó y me lo devolvió con una sonrisa que me dejó paralizada. Bueno, en realidad no porque mi reacción fue levantar la mano. Y me dio otro póster. No era mío, así que se lo dije, y le pedí que me diera la mano. Oh my god, oh my god. Me dio la mano y no me soltaba y yo estaba en la gloria. Fue, de verdad, como si se parara el tiempo. Todo iba a cámara lenta, oía pajaritos, y ahí estábamos ídolo y fan agarrados de la mano mirándonos a los ojos. Cuando se esfumó la magia –que serían dos segundos pero a mi me pareció eterno– le saqué una foto tan de cerca que casi lo dejo cegatillo con el flash. Le pido perdón desde aquí, pero es que estaba demasiado nerviosa.

Cuando tu crush de hace 15 años le da "me gusta" a tu comentario privado en Instagram y le haces pantallazo para guardarlo forever. Soy tan patética...


Una vez fuera, como buenas fans que éramos, nos quedamos haciendo guardia. Salió Eero, el tío más majo y con más paciencia del mundo, y se sacó fotos con todas. Llevaba una camiseta con una mancha que después lució en Madrid y Barcelona también (lo sé por las fotos que pusieron las chicas del club de fans en el foro). Estabamos tan on fire que hasta nos sacamos fotos con un chico del staff que supuestamente se parecía a Bon Jovi. Muy random todo. Seguíamos haciendo guardia, pero no olvidemos que yo era menor de edad y que no estaba en mi pueblo, así que hacia las 21.00 vinieron mis padres a por mí. Les rogué que esperaran a que los demás salieran, que yo quería una foto con Aki, pero mi padre se puso en plan "mimimimi eso son tonterías mimimimi". Su niñita era un ser sexuado loco por un hombre mucho mayor y parece que eso no le gustaba un pelo jajajajaja Medio triste, medio contenta, me volví a casa. Por cierto, mi padre les llamaba "Los ransus" y yo me enfadaba mucho, no sé por qué.

No tuve ocasión de volver a verles hasta 2009, cuando yo estaba en cuarto de carrera en Bilbo. Estaba en la cafetería con mis compañeras cuando un chico fue y plantó un cartel anunciando el concierto. No duró el cartel allí ni cinco minutos. Ella, adulta, volvió a sus 15 en cerocoma. Me compré la entrada, y aun así me apunté a dos sorteos de entradas. Por si acaso. Una tenía meet & greet, la otra no. Resulta que me tocaron las dos (no es que tuviera suerte, es que en Euskal Herria no creo que tengan muchas fans, y menos que tuvieran la ocasión de participar en esos sorteos). El de solo la entrada tenía que ir a taquilla y pedirla, y ya. El de meet & greet era de la radio, así que me llamaron en directo y como no cogí, porque estaba en clase y yo era muy responsable y quitaba el sonido, no me enteré. Llamé después y me dijeron que tuvieron que darle el premio a otra persona. Quise morir.

Pero bueno, no pasaba nada, otra persona podría conocerlos pero yo iría al concierto igualmente. No revendí mi entrada, la que ya tenía, porque me parecía ser una "infiel" o algo así, así que invité a una compañera. Una vez en el concierto, esta vez también varias horas antes cual adolescentes locas, nos juntamos en la cola con chicas que conocí en el concierto anterior. Pero lo mejor es que yo seguía en aquel foro del club de fans, y ya había quedado con una persona para conocernos. Resultó que el chaval era muy majo, y él vino con una amiga que también era muy maja. Terminamos la noche por Bilbo de fiesta. Fue un día genial. Pero no termina ahí la cosa: hablando con la chica en las interminables horas de cola –como si aquello fuera el evento de MTV o algo así–, nos dimos cuenta de que ambas compartíamos el deseo de viajar a Finlandia, todo por culpa de la música. Pocos meses después me llamó y me dijo que había visto un vuelo barato a Helsinki, que si me animaba. Mi viaje de fin de carrera estaba en peligro y yo ya tenía un dinero ahorrado, así que me atreví a ir con una persona casi desconocida. Fue una semana ideal en la que frikeamos mucho y ella se convirtió en una buena amiga que aun conservo.

Pero volviendo al concierto, ahí estábamos, en un polígono un montón de gente joven vestida de oscuro (yo iba de morado, ya había abandonado el negro teen), todos sentados en el suelo. Algunos cantaban, nosotros no podíamos parar de hablar y reír. Habíamos congeniado. Y cuando menos lo esperábamos se abrió la puerta y salió Eero. Nos costó un poco reaccionar. Un montón de ojos pintados de negro le seguían con la mirada, hasta que alguien gritó. No nos atrevíamos a movernos de la fila para no perder el sitio, aunque para aquellas alturas creo que ya nos respetábamos los unos a los otros. Volví a sacarme una foto con él. Incluso me atreví a hablar con él. Con eso yo ya era feliz. Pero para rematar fue otro conciertazo donde, esta vez sí, conseguimos la primera fila.

No, no pude sacarme una foto con Lauri, Pauli ni tampoco Aki. No es algo que realmente me importe, pero tengo en mi lista de cosas pendientes sacarme una foto con mi crush. Si algún día tuviera la ocasión de conocerles, ojalá no entre en modo loca y pueda explicarles lo que suponen para mi. Porque gracias a ellos unos años que para la mayoría de la gente son odiosos, para mi fueron estupendos, y gracias a ellos he hecho muy buenos amigos. Y diría incluso que gracias a ellos soy un poco como soy ahora. Y un plus, gracias a ellos aprendí un montón de vocabulario en inglés porque en los ratos libres no hacía otra cosa que traducir todas las letras.

Por otro ello, no puedo más que decirles "kiitos" (yasss también aprendí cuatro palabrejas en finlandés), y por todo ello seguiré apoyandoles y lloraré muy fuerte si algún día deciden separarse, pero aun así le seguiré la pista.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Egun bat gutxiago

Aste honetan telebistan ikusi dudan likore iragarki bat ekarri nahi dut orrialde honetara. Sare sozialetan ere ibili da bueltaka. Lagunak edo senideak diren pertsonak bikoteka agertzen dira, eta adina galdetu ostean, hilabetean zenbatetan ikusten duten elkar galdetzen diete. Ondoren, estatistikan oinarritutako ekuazio batekin kalkulatzen dute zenbat denbora igaroko duten elkarrekin bizitza osoan zehar. Emaitza beti da eskasa. 

Ez gaude prestatuta entzuteko maite ditugun pertsonekin egoteko gelditzen zaigun denbora 32, 165 edo 400 egun direla. Onartu edo ez, denok dugu atzera doan erloju bat, baina egunero betebeharrak ditugu. Gustatzen zait pentsatzea pasatzen den eguna ez dela egun bat gehiago, egun bat gutxiago baizik, egiten dudan guztia ilusioz egiteko. Ez dut beti lortzen, noski. 

Iragarkiarekin ez nintzen konforme gelditu, baina nire kezkak plazaratzen zituen testu bat ere irakurri nuen ondoren sare sozialetan, eta horrelako zerbait zioen: egia da egunean denbora asko pasatzen dugula Interneten, baina aisialdirako denborarik ez dugunontzat Internet da harremanak pizteko tresna. 

Oporretan dagoen lagunaren argazkia, jaioberri den txikiarena, zoriz elkartu diren bi lagunena, gelditzen saiatzen gareneko eztabaida kaotikoak, kanpoan bizi denak ematen dituen pausoak. Eta elkartzen garenean orduak minutuak bezala igarotzen dira. Iluntzera arte irauten duten bazkariak, hotzak gelditzen diren kafeak, opor txikiak. Nahiago dut maite ditudanekin kalitatezko tarte txikiak pasatu, elkarri zer esan gabeko denbora inerte pila bat baino. 

Topa horrengatik, likore txupito batekin!

GARAn argitaratua 



martes, 27 de noviembre de 2018

Soltera codiciada

Estamos hartas de ver películas románticas. Y digo hartas en el sentido de que hay un montón, no que yo, personalmente, esté hasta el higo de verlas. Porque os confesaré una cosa: mi Árbol y yo tenemos pelis/series para ver juntos y separados, y este tipo de comedias románticas son las que elijo generalmente cuando estoy sola. Terminan bien, no requieren de demasiada atención y no te plantean ningún tema demasiado existencial. Ok. Con esa intención elegí "Soltera codiciada".

Vale, pues nada que ver. ¿Es una comedia? sí. ¿Es romántica? en cierto modo. ¿Una comedia romántica? no way.

Realmente creo que la efectividad de un argumento tan simple consiste justamente en eso, en su simplicidad, en que cuenta algo tan real que te hace conectar. No sé si era porque cuando la vi tenía la regla o qué, pero empalicé con la protagonista muchísimo y reí y lloré a partes iguales, le llamé "tonta" muchas veces, como seguro hace su Pepito Grillo interior cada vez que mete la pata hasta el cuello. Y celebré sus triunfos sintiendome una más de su grupo de amigas.

Esta película, cuyo tema central se podría decir que es la superación de un amor perdido, habla de mucho más: es una película feminista que impulsa la superación de la mujer como individuo, sin la necesidad de nadie más. O en todo caso de otras mujeres… la sororidad.

Intentaré no hacheros un spoiler contandoos que la protagonista es una mujer de Lima que lleva 6 años con su pareja, quien se ha marchado a Madrid para prosperar profesionalmente. Y estando allí él lo manda todo a la mierda. Y ella se siente como todas nos hemos sentido alguna vez: vacía. Tiene una edad extraña y la sensación de no ser nada sin él. Pero la chica no es tonta para nada y empieza a quererse a sí misma y a abrir los ojos y a ser feliz. En la trama entra su mejor amiga, una mujer que vuelca su felicidad en su éxito profesional, un amigo heterosexual que es un gran apoyo (subrayan su orientación sexual para que quede claro que mujeres y hombres heteros pueden ser amigos sin que haya nada más) y una nueva compañera de piso que encaja en el grupo de amigos perfectamente, pero que tras un carácter súper alegre también esconde sus traumas. Se le suma el ex, que aparece en pensamientos más veces de lo que deseamos, y un jefe asqueroso.

Como las películas románticas, termina bien, no requiere demasiada atención pero al terminar sí que te hace reflexionar. O más bien yo fui reflexionando durante toda la cinta y a cada paso que la protagonista daba me veía a mi misma en el pasado. Me quedo con una frase que dice al final (aproximadamente): 

A todas nos han enseñado que somos princesas, pero también somos hadas madrinas cuando tenemos que ayudar a una amiga, genios de la lámpara cuando ocupamos demasiadas cosas a la vez, y el príncipe azul, porque toda princesa que se precie se salva a sí misma.

martes, 20 de noviembre de 2018

Trnd: Instinct

Yasss, Trnd me ha vuelto a seleccionar para uno de sus proyectos; en este caso para el de comida de perros y gatos Instinct. Y en mi caso concreto, para el de comida de gatos. Pirata aun no lo sabe, pero se va a poner super contento cuando se entere de que ya ha llegado el paquete con comida para él. Le volveré a dar un poco de comida a Osiris, su primo calvo, pero estoy segura de que no le gustará. Vamos a lanzar cohetes cuando le guste una comida que no sea la que habitualmente le dan. 

Pero Pirata es muy glotón, así que el reto no es que le guste, sino la velocidad con la que se la come. ¡Cronómetros listos!

Actualización 26/11: 
Sí, tal y como pensaba a Pirata le ha gustado su nueva comida. Se la hemos ido dando mezclada para acostumbrarse y ya puede comerla sola. Le gusta. Mucho. Pero no más que la que le dabamos hasta ahora. Supongo que una vez se la coma  toda tendremos que decidir si seguimos con Instinct o volvemos a la de antes. Creo que dependerá del precio y de la disponibilidad en tienda. A veces compramos online, porque sale más barato, pero para nosotros es importante que la comida elegida la tengan en el Eroski de nuestro barrio, para que si un día nos pilla sin comida podamos bajar a por ella.

En cuanto a Osiris, quisimos darle a probar pero mi cuñado decidió que no merecía la pena cambiarle la alimentación para solo un paquetito, si luego tiene que volver otra vez a la de antes. Porque sí, mi cuñado cuida mucho la alimentación de su hijo gatuno. Ya os he contado que Osi es calvo, un gatito sphynx, y al parecer necesitan una alimentación muy específica. Mi cuñado dijo que el porcentaje de proteína de esta comida era la adecuada, que podría darsela a su gato sin problemas, pero al ser un animalito tan especial con las comidas no quiso arriesgarse a cambiarle...

No sé si lo sabéis, pero cuando a un gato se le cambia la alimentación no puede ser de golpe, o les puede sentar mal –diarreas, gases–, así que conviene hacerlo poco a poco, mezclandola con la comida anterior, hasta que progresivamente le ponemos más de la nueva y finalmente solo la nueva. Nosotros necesitamos 5 días para hacer el cambio. Por eso, si ya se tiene claro desde el principio de que después volverá a su alimentación habitual –como es el caso de Osi– no merece la pena hacer el cambio. Como he dicho, en nuestro caso dependerá de su disponibilidad en tienda, pero por si acaso queríamos hacer la prueba, porque si a Pirata le gustara mucho más que su comida habitual, entonces sí cambiaríamos.

viernes, 9 de noviembre de 2018

¿Ugg falsas y verdaderas?

Hace un año, en mi viaje a Australia, me compré unas ugg. No tenía intención de llenar la maleta de ese modo –pequeñas no son– pero mi Árbol tenía espacio, y ya que él se compró un bolso de piel de kanguro, pues a mi me hacía ilusión curiosear entre las famosas botas de piel de oveja. Recuerdo prácticos.

Y en esa búsqueda fue cuando aprendí bastante sobre estas botas. Yo creía que ugg era una marca y que solo esas eran las verdaderas, y que las demás eran imitaciones, así que me chocó bastante encontrar "imitaciones" más caras que las "verdaderas". Entrecomillo porque llamarlas así es un error. Cuando me puse mis botas por primera vez en mi pueblo una amiga me preguntó, «¿son verdaderas?». Respiré hondo y le expliqué lo que os explicaré a continuación.

Resulta que ugg es un término genérico para designar a las botas hechas con piel de oveja de australia, que tienen una tradición de casi un siglo. Vamos, que en los inviernos australianos las llevan usando mucho más tiempo que las celebrities. Hace como 20 años surgió la marca Ugg Australia, que hace botas ugg, y se hizo famosa a nivel internacional acaparando el mercado fuera de Australia. De hecho, ni siquiera es una marca australiana sino estadounidense, y ha registrado "ugg" como de su propiedad impidiendo la proliferación de otras marcas y creando la falsa sensación de que el resto son imitaciones. Igual que Ugg Australia hay un montón de marcas más que hacen botas ugg, algunas de calidad y otras no, algunas austalianas y otras no. Algunas más antiguas y otras más nuevas. Algunas caras y otra no. Y en ese amplio mercado cada una elige lo que quiere.

Yo me decanté por unas Ugg Auzland Sheepskin, hechas a mano con piel de oveja australiana. Es una marca afincada en Sydney. Son unas botas similares en estilo a las mundialmente famosas Ugg Australia no porque sean una imitación, sino porque las ugg genéricas son así desde siempre. Se pueden usar sin calcetines ya que al ser de pelo natural se adaptan al pie y no sudas, pero a mi me da como cosilla en el puente del pie (esto es una rareza mía) así que las uso con un calcetín fino. Son suuuuuper calientes y por ponerles una pega, como casi todas las botas de este estilo, no sirven para la lluvia y la nieve porque se calan todas. La desventaja de que sean prácticamente unas zapatillas de casa. De hecho, en Australia las usan más para estar en casa que en la calle, pero en el resto del mundo nos gusta sacarlas a pasear y por eso hay marcas que ya disponen de su versión resistente al agua (por ejemplo Australian Leather, principal competidora de Ugg Australia).

Conclusión: Para determinar si nuestras botas son verdaderas o falsas depende de lo que estemos hablando, si de ugg verdaderas (de piel de oveja australiana) o de Ugg Australia verdaderas (la marca).
Australia).

Botas ugg de la marca EMU


¿son mis botas Ugg Australia? No. ¿Significa eso que son falsas? Tampoco. Son unas ugg (genérico) verdaderas, pero de otra marca. 

Eso no quita que también haya botas Ugg Australia falsas, es decir, las que imitan a la famosa marca con acabados, etiquetas y suela, pero en realidad no son verdaderas (como los bolsos de Louis Vuiton que venden en las ferias 25 euros). Así que si quieres unas botas ugg, lanzate a cualquier marca asegurandote que son de piel de oveja, porque serán buenas seguro (no serán baratas, sean la marca que sean). Si quieres unas Ugg Australia, ojo con las falsificaciones; si pagas poco y eres consciente de que estéticamente son iguales pero de calidad no, y no te importa, pues perfecto (como si llevas el bolso de Louis Vuiton de 25 euros igualmente bonito). Pero pueden intentar darte gato por liebre, por un precio ligeramente más barato, y ser falsas y malas... (vamos, que te vendan el bolso de Louis Vuiton de 25 euros a 5.000), así que para evitar engaños fijate en los detalles. Hay un montón de blogs donde explican las diferencias entre verdaderas y falsas Ugg Australia. 

Sabiendo lo que se ahora, personalmente, prefiero comprarme unas ugg de otra marca, asegurandome de que son buenas, y no unas Ugg Australia que intenta ser un monopolio aplacando a otras marcas legítimas, y además australianas, con las que además te la juegas a que te timen.

miércoles, 31 de octubre de 2018

Cuando la energía fluye

Miraba a mi alrededor y solo había turistas con sus cámaras, apuntando en todas direcciones, protegiéndose del sol con pañuelos y sombreros, y yo solo podía pensar en la grandiosidad de aquel lugar. Piedra a piedra, acercándose a cielo, a sus dioses. Estaba en la ciudad del Sol, y sin embargo destacaba la Luna. En la cima de aquella montaña artificial sentí la fuerza del astro bañándome con su luz blanca, aun a pleno día. Respiré, cerré los ojos, miré hacia arriba, levanté los brazos y grité. Algunas personas se asustaron, otros rieron, y yo solo podía sonreír.


Tal vez sea demasiado mística, tal vez esté en busca de mis propias creencias, pero la realidad es que ciertos lugares me dan paz y me llenan de energía. Uno de ellos fue Stonenhenge, junto a Salisbury en Gran Bretaña, punto de encuentro de los wiccanos aun hoy en día durante el solsticio de verano y en el de invierno. No es más que un circulo de piedras gigantes, perfectamente colocadas. Hoy celebran su Samhain, popularizado como Halloween en el mundo entero. Se trata de un día que en cada parte del mundo guarda una tradición, y es increíble cómo se conectan entre sí, a pesar de que la religión haya intentado acallarlas. Los celtas celebran el fin del verano como una de sus mayores fiestas, y agradecen la cosecha a la naturaleza. Mientras, en Euskal Herria, tal vez bañada por su pasado pagano, intentan recuperar la Arimen Gaua o Gau Beltza (Noche de la Ánimas o Noche Negra) que mezcla leyendas antiguas de piratas y fantasmas con la mitología vasca. A su vez, en México honran a la Parca en el Día de Muertos en una festividad que nada tiene que ver con el catolicismo, sino que echa la vista atrás, a la cultura Azteca.

En unos tiempos en los que tememos tantísimo a la muerte, como si no fuera natural, como si nuestro deseo de vivir eternamente eclipsara las vivencias diarias, en la que es un tabú, me fascina esta tradición mexicana. Hoy las pirámides de Teotihuacan, cerquita de D.F., se llenarán de gente por ese mismo motivo. El pueblo teotihuacano solía hacer ofrendas en honor a los fallecidos casi todo el tiempo. Muestra de ello es la calzada de los Muertos, calle central de aquella ciudad ancestral parcialmente descubierta, frente a la pirámide de la Luna donde sentí aquel flechazo. Desde entonces quiero volver a México; por su gente, sus playas, su comida, sus pueblos, pero sobre todo por sus tradiciones. Una cultura tan rica debe ser venerada con orgullo. 


miércoles, 24 de octubre de 2018

Trnd: Bonne Maman

He sido seleccionada para participar en el proyecto de confituras Bonne Maman de la mano de Trnd. Es la segunda vez que me aceptan en un proyecto. La primera fue hace un par de meses con la comida húmeda para gatos de Sheba. Sobre esta no puse nada porque me parecía absurdo dar mi opinión sobre algo de lo que debería opinar Pirata, pero resumiendo: le encanta. Las tarrinas le gustaron también, pero sobre todo le gustó la gelatina. Le acostumbré a echarle una cada noche y ya cuando se acercaba la hora me la pedía a «miaus». Sin embargo, a Osiris –el gato pijo de mi cuñado– no le gustó demasiado. Pero vamos a ver, le compran latas caras que tienen no sé qué propiedades y depende cual sea la rechaza. Lo cual a Pirata le viene genial, porque las hereda y se las zampa. Así que sí, Sheba se ha ganado un hueco en nuestro carro de la compra.

En cuanto a Bonne Maman, actualizaré el post cuando saquemos nuestras conclusiones. Yo no soy muy fan de las mermeladas. Rara vez tomo, alguna vez cuando desayuno fuera, pero mi Árbol desayuna todas las mañanas mermeladas de ciruela. Es la que más le gusta, pero no la única. Es precisamente la que menos me gusta a mí, así que supongo que es la razón por la que no la suelo comer nunca en casa. En el lote de Trnd vienen de fresa y melocotón, que son las que más me gustan a mí, así que les daré una oportunidad a ver si consiguen que cambien mi rutina de desayunos. Lo tiene difícil porque mi desayuno favo es tostada con aceite y sal. Salado, no dulce.

ACTUALIZACIÓN (31 de octubre)

Hemos probado la mermelada de fresa en casa y a mi Árbol le resulta demasiado dulce porque está acostumbrado a la confitura sin azúcares añadidos y metemo que está no es de ese tipo. A mi tampoco me ha convencido demasiado. Le daré una oportunidad a la de melocotón, pero el tarro de fresa se va directo a casa de mi madre, pues a ella sí le ha gustado. También me ha pedido todos los botes que pueda recuperar (le encantan). Algo trama...

martes, 9 de octubre de 2018

Denok izan gara gazte

Egungo gazteak tontotuta daudela aipatzen genuen igandean, Kilometroetan, 14.00etarako gaztetxo pila bat tente ezin mantendurik ikusi genituenean. Gu jada gazteak izango ez bagina bezala eta garai horiek pasatu izan ez bagenitu bezala. Zumarragarako bidean, autobusean, neskatxa kuadrilla baten erdian eseri behar izan genuen. Denak mugikorrarekin zebiltzan, selfieak egiten, elkarri erakusten, eta euren adineko mutilak busean sartzean garrasika. Gu isilik, panoramari begira. Irribarre batek ihes egin zidan, bizitza erdia baino gehiago pasatu delako ni euren postuan nengoenetik baina, hala ere, gertu sentitzen ditudalako urte haiek. Hormonak dantzan, barre kontrolaezinak, arrazoirik gabeko lotsak, heldu izatearen sentsazioa.
Gutako batek zioen haien mobil puskak ez genituela guk, egungo gaztetxoak gu baino hobeto biziko balira bezala. Baina guk ez genuen halakorik, existitzen ez zirelako. Nik 14 urterekin izan nuen lehen sakelako telefonoa, SMSak bidaltzeko eta «tokeak» emateko erabiltzen nuena. Zuri-beltzeko pantaila, gomazko botoiak eta antena zituen harri puska batek baino gehiago pisatzen zuen tramankulu hark, baina puntako teknologia zen orduan eta kuadrillako guztiok genuen bat.
Kilometroetako Santa Barbarako gunean, gazteei eskainitakoan, tarta jaten ari ginela, ondoan erabat mozkortuta zeuden neska batzuk eseri ziren. Guk ere noizbait kalimotxoa nahiago izan genuen txokolatea baino. Eman diezaiegun gazteei aukera bat euren kabuz eskarmentatzeko eta heltzeko. Ez dira gu baino inozoagoak; oraindik gauza asko ikasi behar dituzte, besterik ez. 

Garan argitaratua

jueves, 4 de octubre de 2018

Cómo conocí a Shamrock

En una ocasión os mencioné a Shamrock, mi guitarra, pero nunca os expliqué cómo llegó a mi. Desde pequeña me ha gustado la música, a pesar de no tener un don especial para ella. Siempre me ha gustado cantar y bailar. Con 6 años la mitad de mi clase se apuntaron a solfeo, lo cual no me llamaba la atención porque no sabía ni lo que era, pero al curso siguiente quise apuntarme. Yo era una niña de 7 años en una clase de música donde el resto tenía 6, y gracias a eso salí de mi circulo ya desde pequeñita e hice buenos amigos que mantengo hasta hoy.

Por lo demás, el solfeo como tal no me gustaba demasiado. No repasaba en casa, así que yo, con mi comportamiento de niña buena que siempre tenía, me solía quedar siempre media hora tras la clase para repasar la lección. De hecho, creo que las peores notas de mi vida han sido en solfeo, y simplemente era porque no lo practicaba, porque no le veía sentido a eso de leer notas en voz alta.

La cosa mejoró cuando ya en cursos avanzados el lenguaje musical teórico pasó a ser también práctico. Solfeo desapareció como tal y se transformó en dos clases diferentes, audición –donde escuchábamos canciones clásicas e intentábamos transcribirías en pentagramas, y que de hecho se me daba bastante bien– y coral. Podéis imaginar que esta última era mi favorita. Me encantaba estrenar nueva canción, pulirla uno a uno y ver lo que salía en conjunto. Cantabamos mal, pero lo disfrutábamos tanto…

A audición y coral se le sumó el piano obligatorio, al que le cogí el gusto bastante rápido, y el instrumento de elección. En este caso no tenía las cosas demasiado claras y me dejé llevar por lo que decía la gente a mi alrededor en vez de pensar en qué instrumento me gustaba realmente. Elegí el acordeón porque era el favorito de mi padre y porque una amiga se había apuntado. Si lo hubiera pensado mejor probablemente me hubiera decantado por la guitarra, la flauta travesera, el violín o el piano, aunque es último fuera bastante inviable por la imposibilidad de meter uno en mi casa.

Otro aliciente para el acordeón fue la profesora, pues me caía bien. Aun así volví a mis andadas, tal vez porque no me motivaba demasiado, y no ensayaba en casa. Lo cierto es que con las particulares de inglés y los deberes del colegio cada vez más exigentes no me quedaba demasiado tiempo para ensayar, y tampoco me apetecía ponerme a tocar después de cenar por motivos evidentes. Así que pasaron los años y, una vez más, pasé por aquella aula como una pobrecita sin ningún talento. Hasta que ya con 16, con mi título bajo el brazo, formaron una banda de acordeones entre exalumnos y alumnos de último curso. Nos reuníamos los sábados por la mañana y no era obligatorio acudir. Las canciones que tocábamos no eran para ningún concierto de fin de curso ni para tocar en la calle en ciertas fiestas, eran para nosotros. Y tocábamos Aladdin, Elton John… así sí, me volví a motivar. Era bonito poder tocar canciones que sonaban tan bien en mi mente.

Empecé a la universidad y tuve que dejar el grupo. Y así mi acordeón quedo relegada en un rincón de mi armario. Si cierro los ojos todavía recuerdo su olor aunque hayan pasado años desde la última vez. Me encantaba tocar sus botones, sacarle brillo, abrir a tope el fuelle. Prometo recuperarla algún día, cuando tenga tiempo, pero creo que un instrumento merece ser tocado con mimo y respeto, no a desgana.

Y así, teniendo mi acordeón en stand by, hace unos 7 años hablando con amigos y comentando lo bonito que sería tener una guitarra nos vinimos arriba y dos de nosotros nos la compramos. Para mi amigo era la primera vez que iba a tener un instrumento en sus manos, y yo con mis precedentes de abandono instrumental tampoco quería una cara, así que la pedimos online. Era un chollo. Negra lacada, con funda, correa y afinador, 50 euros.

Estabamos esperando el pedido y yo ya había elegido su nombre: Shamrock. Por si no lo sabéis Shamrock es el nombre que se le da al trébol en la cultura irlandesa, y es un elemento importante de sus tradiciones. Yo tengo una conexión especial con la cultura celta y da la casualidad de que encuentro muchos tréboles de cuatro hojas. Para mi es importante, así que elegí ese nombre.

Recibí un mensaje. Ya habían llegado las guitarras. Fui a casa de mi amigo a por la mía. Había dos cajas idénticas. Cada uno eligió una. Dentro habían dos fundas idénticas también. Las abrimos y ¡sorpresa! la de mi amigo sí era una guitarra negra lacada, como la que pedimos, pero la mía no era así. Era más pequeña para empezar –más manejable para mi, nos dimos cuenta de que la lacada me quedaba enorme–, y además era gris y mate. Mi amigo se sentía fatal, no dejaba de decirme que se quedaba él con esa, que no le importaba, pero menos me importaba a mí, si parecía hecha a medida. Pero lo mejor eran sus detalles. En la esquina del agujero tenía una franja de nácar en color naranja y verde. Sí, los colores de Irlanda. Esa guitarra era Shamrock, y ella me eligió.

Decidí no devolverla porque no me podía haber salido mejor la jugada. La guitarra no tiene marca por lo que no puedo saber qué modelo es, pero es preciosa tal cual. No sé qué pudo pasar ni de dónde salió esa guitarra tan perfecta porque en toda la web no encontré ninguna similar. No sé cuál es el verdadero precio de mi guitarra, pero por 50 euros tengo yo una ideal para posturear. Porque, sí, lo habéis adivinado, tras aprenderme cuatro acordes y dejarme los dedos en ellos, Shamrock volvió a su funda esperando ser tocada con ilusión. Algún día.

viernes, 17 de agosto de 2018

El peso del turismo sobre el puente del respeto

A la vuelta de las vacaciones, curioseando Facebook, me topé con la publicación de uno de mis contactos: compartía la portada de la revista “Time” que llevaba el revelador título “La trampa del turismo”. La imagen acompañante era un grupo de gente apelotonada tratando de sacar una bonita instantánea del Puente de los Suspiros de Venecia. La imagen no muestra el famoso puente, sino el que soporta el peso de decenas de turistas y sus cámaras.
Me dio la risa por lo real que es, porque si hubieran hecho esa misma foto hace un par de semanas yo misma podría aparecer en ella. Antes de partir, mi compañera Oihane Larretxea me dio un buen consejo: «si quieres ver la misma Venecia pero sin gente, cambia de calle». Le hice caso y tenía razón. Disfruté de sus canales con la escasa compañía de locales y un puñado de turistas despistados. Nos mirábamos cómplices, como si hubiéramos encontrado un tesoro y quisiéramos guardar el secreto.
Entiendo la preocupación de las ciudades con el turismo. Hay quien pierde el respeto, que busca un parque temático donde pasar unas vacaciones a medida. Pero también hay gente maravillosa, turistas con respeto, de esos que prefieren llamarse a sí mismo «viajeros», que disfrutan de la gente local y sus costumbres. Me gusta pensar que yo soy de ese tipo. Soy turista varias veces al año y mi sueño es visitar la mayor parte del mundo posible. Pero no quiero molestar a nadie, por lo que acepto de buen agrado cada medida impuesta al turismo. Todo sea por conseguir uno de calidad.

Publicado en Gara

viernes, 27 de julio de 2018

¿Duelen los tatuajes?

No soy ninguna experta pero después de haberme tatuado cuatro veces creo que puedo opinar sobre el tema.

Tatuarse duele y quien diga lo contrario o miente o padece insensibilidad congénita. Tatuarse duele porque te están haciendo una herida y las heridas duelen. Pero no creo que sea nada que no se pueda soportar.

Si bien es cierto que depende mucho de cada persona, pues no todos tenemos el umbral del dolor al mismo nivel, y también de la zona a tatuar y hasta del tamaño del diseño.
  • Mi primer tatuaje fue un triskel en el omoplato, sólido, pequeño. Tardó unos 20 minutos en hacermelo el tatuador. Iba tan nerviosa y tenía tanto miedo que opté por utilizar la crema anestesian Emla, y la verdad es que no sentí nada. Tenía un tattoo sin sufrimiento. Soy de la opinión de que si puedes evitar el sufrimiento, ¿para qué sufrir?

Años después se tatuaron un par de amigos míos. Habían concertado cita y llevaron la crema echada de casa para esa hora, pero la cosa se retrasó y para cuando fueron a tatuarles ya apenas tenía efecto. Me dijeron que les dolió muchísimo.

Me informé y leí que si te echas la crema y se te va el efecto, luego duele más porque tu cuerpo no ha podido acostumbrarse paulatinamente y se enfrenta a las agujas con la piel ya dolorida. Tiene sentido por lo que con mi segundo tattoo no me arriesgué y fui valiente, sin crema.
  • Me hice unas flores de cerezo al rededor del triskel, es decir, pillando omoplato, espalda y hombro. Tardó tres horas y media en hacermelo y tengo que decir que la última media hora fue horrible. Sin querer, yo misma me iba echando a un lado, alejandome de él. Todo eran risas hasta que cuando oía la máquina me ponía tensa.

Al parecer, el cuerpo tiene capacidad para aguantar el dolor unas tres horas y después no puede más. El tatuador me estaba contando historias sobre gente que se había mareado en su estudio y yo no me lo podía creer porque para mí estaba siendo fácil. Hasta que pasaron las tres horas y empecé tener sudores fríos y a sufrir de verdad. Me hecho un líquido anestesiante que se mete en las heridas a medio tatuaje, y algo ayudó pero no duró apenas. *Tenía la regla, razón por la cual podría estar más débil.
  • El tercer tatuaje es una mariposa en el tobillo (en realidad es la pierna, encima del hueso del tobillo) que me hice en un maratón solidario. Pasé cuatro horas y media de espera para que me dieran vez, bajo la lluvia, un día de primavera que olía a invierno… fue horrible. Comí poco y tarde, aunque procuré meter azúcar al cuerpo. Este tatuaje me dolió más, no sé si porque la zona es más sensible o porque ya estaba agotada antes de empezar. Tardó  unos 40 minutos en hacerme mi mariposa, que aunque es pequeña también es bastante sólida. Tuve problemas de curación porque era una zona de movimiento, y lo cuento todo en este post de ZonaTattoos.
  • El cuarto ya os conté cómo fue en otra entrada pasada. Es la palabra "Wanderlust" en la clavícula, y tengo que decir que siendo el tatuaje más pequeño y rápido, también fue la zona más dolorosa, pero fue tan poco tiempo que apenas me enteré. Me dolió sobre todo en la zona más al centro del pecho, un par de letras.

Conclusión: obviando el triskel, que ni me enteré por la trampa de la crema, creo que en la zona del tobillo y en la clavícula duele más que en el omoplato, en proporción. Pero teniendo en cuenta que los diseños pequeños fueron un ratito y el del omoplato sobrepasó el límite de las tres horas, la última media hora de las flores fue mucho peor que la mariposa o la palabra.


Consejo: si es tu primer tatuaje creo que la zona del omoplato es adecuada –si es el hombro mejor–. En cuanto al diseño, elige algo pequeño, ligero y sombreado, y deja para otra vez los diseños grandes y sólidos. Evita las zonas donde hay huesos y tendones, así como donde la piel es más sensible. **Tengo una amiga que es una campeona y tiene un montón de piercings, pezón incluido, y tatuajes y los ha aguantado genial todos.

domingo, 22 de julio de 2018

Ok lonely planet... pero ellas no están solas

Hace años escribí un post sobre mis pin up favoritas. Sí, este blog siempre ha sido bastante random pero creo que ha madurado conmigo. Aquel día obtuve un feedback, y era de una chica llamada Judith que tenía un blog sobre viajes. Me gustó su comentario y entré a su blog. Me enganchó tanto que, a día de hoy, aun la sigo.

Una vez contó que le gustaba hacer reír a la gente, y vaya si lo conseguía. También tengo entendido que es historiadora del arte, y además viajar es su pasión, así que sus post lo combinaban todo a la perfección. Ella quería vivir viajando, y por lo que veo lo ha conseguido.

Tras algunos vídeos en Youtube en los que nos fue mostrando curiosidades de aquí y de allá siempre desde su punto de vista humorístico, hizo una serie sobre Japón que, personalmente, me encantó. Según explicó en un video, no le resultaba cómodo eso de ir por ahí hablando sola con una cámara en su jeta, y prefiere grabar acompañada, así que cuando conoció a Cande le pidió trabajar juntas, y así surgió el canal La Loli Planet. Un nombre genial para un par de chicas más geniales aún.

En pocas semanas han conseguido más de 25.000 seguidores así que no creo que necesiten mi publicidad gratuita, pero me apetece hacerlo porque Judith es una de las pocas lectoras que me ha dejado un comentario alguna vez, y aunque parezca una tontería yo lo aprecio mucho. Así que nada más, mucha suerte en esta aventura!



martes, 17 de julio de 2018

¿Funciona Hair Jazz para acelerar el crecimiento del cabello?

Creo que hoy toca una de publicidad gratuita, aunque no voy a hablar bien de algo a secas. Tampoco mal. Es simplemente mi opinión por si a alguien le sirve.

Se trata de los productos de Hair Jazz, esos que a mi al menos me salen continuamente en los anuncios de Facebook. Supongo que el señor Zuckerberg se ha enterado de que quiero pelazo. Bueno, total, un día de debilidad me hice un peinado dejando un par de mechones de delante fuera, y como quedaban muy largos los corté sin tener en cuenta que al soltar el pelo iba a tener que igualar. Bueno, pues es lo que finalmente hice y entré en pánico porque volvía a tener mechones cortos en la parte delantera de la melena.

Y sí, ese día también me salió el anuncio de Hair Jazz para acelerar el crecimiento del cabello. Entré en su web y tras cotillear los productos decidí probarlos. Compré el kit del día de la madre, que incluía 2 champús, 2 lociones y una mascarilla por algo menos de 60 euros (hay más productos como las vitaminas, el serum o la crema sin aclarado). Barato no es, pero tampoco me pareció escandaloso y además me regalaban una paleta de sombras, así que bueno.

Según explican, este kif dura 6 meses. Lo compré en abril y es julio, así que han pasado como 3 meses y debería haber terminado ya un champú, una loción y la mitad de la mascarilla, pero no; he gastado medio champú, media loción y, eso sí, media mascarilla. Así que calculo que la mascarilla sí me va a durar 6 meses, pero el champú y la loción van a rondar el año.
Se supone que hay que lavarse las raíces con el champú y aplicar mascarilla en las puntas, dejar actuar 3 minutos, enjuagar, secar con toalla y luego poner la loción en las raíces y masajear. Y ya, dejar secar al aire o secar con el secador. Mi duda fue que si tengo el pelo entero sucio, con lavar solo las raíces no hago nada, menos aun si aplico mascarillas sin aclarado y aceites entre lavados. Bueno, pues la solución es lavar el pelo normal con tu champú habitual primero, y después de enjuagar usar el de Hair Jazz en las raíces. La frecuencia de uso marcada es de cada dos o tres días.

Personalmente, su olor no es el ideal. Tal vez es porque estoy acostumbrada a los de Lush, que huelen fuerte pero a cosas naturales, pero estos me huelen como a plástico. No digo que huelan mal, sino que parecen muy químicos. Y supongo que lo serán, porque si no ¿como pretenden acelerar el crecimiento del pelo? Debo decir que investigando he encontrado una marca afiliada a Hair Jazz que tiene prácticamente los mismos (hasta del mismo laboratorio) productos pero un poco más baratos. Son los del Institud Claude Bell (tienen el champú pero no encuentro los demás productos). Por otro lado, Hair Jazz sirve para acelerar el crecimiento pero no para la caída, para eso hay otro producto.

Ahora lo importante. ¿Crece más rápido el pelo? Pues soy boba y no me medí el antes y el después, pero yo creo que no. Me parece que crece al mismo ritmo. Eso no quiere decir que no me guste, pues mi pelo es muy fino y se rompe en seguida, y eso hace que cada dos meses tenga que cortar un centímetro por lo menos, con lo cual el crecimiento es mínimo y siempre termino con la misma longitud, y eso es desesperante. Desde que uso los productos de Hair Jazz mi pelo está más fuerte y no tengo tantas puntas abiertas, así que cuando corto las puntas cada dos meses no es un centímetro sino medio, y a veces ni eso. Así que aunque crezca la melena al mismo ritmo, la noto más larga porque está más sana y corto menos :)

viernes, 1 de junio de 2018

Cómo conseguir plaza en el Camp 4 de Yosemite

En Yosemite hay varias opciones de alojamiento. Desde el más lujoso hotel de madera en medio de la naturaleza hasta el "wilderness permitt" para que podamos acampar en medio del bosque, ahí donde habitan los osos.

Como punto intermedio están los espacios como el Hald Dome Village (antiguo Curry Village) que es un camping con comodidades. Hay casetas de lona con camas y hasta calefacción. Para mí esta es la mejor opción de todas, pero aun así es un poco cara para quienes tienen el presupuesto ajustado, así que mejor os hablo de los campings…

En EEUU hay numerosas tiendas de deporte tipo Forum Sports o Decathlon (con un precio intermedio entre los dos), y outlets donde poder conseguir material de acampada a buen precio. Por esos lares les gusta mucho la acampada y cocinar en la hoguera. Así que lo primero es hacerse con una tienda, un buen saco y una esterilla. Bueno, en nuestro caso compramos un colchón inchable porque al ser de los que se inflan a pulmón, estaba muy barato. Eran como 30 dólares y nos iba a solucionar unas cuantas noches, así que nos merecía la pena. También compramos tapones para los oídos y una linterna. Y llevábamos antifaces. Con eso era imposible pasar mala noche.


Bueno, no tanto. A pesar de los sacos megagordos y la tienda bastante adecuada, pasamos mucho frío las noches que pasamos en la zona alta de Yosemite, en Tolumne Meadows. Así que un buen consejo es elegir una tienda aislante, cosa que nosotros no hicimos porque pensábamos que en agosto haría más calor. Eso sí, en el valle esa tienda era perfecta.

Al lio. En el parque encontraréis un montón de campings, sí, pero dada la afluencia de gente a veces es complicado encontrar sitio. En algunos se puede reservar plaza, en otros solo la mitad de las plazas se reservan y en otros directamente no se reserva. Es decir, que el primero que llega es quien planta su tienda.

Los permisos de acampada son para 7 días, por lo que todos los días hay gente saliendo. Eso lo hacen así para que no haya gente que se pase un mes entero allí mientras que otros no pueden dormir en el parque. De esta forma se aseguran la movilidad de la gente. Los rangers son muy exigentes con esto y hay que colgar un cartel en la tienda que se entrega al hacer el check in, y ellos pasan incluso de noche a mirar que nadie se ha colado. Quien después de las 7 noches quiera volver a entrar tiene que ponerse en la cola.

Hay que dejar las parcelas a las 12.00, pero la gente normalmente es más madrugadora, así que conviene ir hacia las 8.00 a recepción y así, según vaya saliendo la gente ya se puede entrar. Nosotros así lo hicimos en Tuolumne Meadows. Dormimos fuera, en un pueblo no muy lejos de la entrada de Tioga Pass, y madrugamos para llegar a Tuolumne pronto. Para las 10.00 ya estábamos montando la tienda. El precio de este camping no era caro pero tampoco barato para lo que era: unas parcelas mal repartidas entre árboles y tres retretes para cada género. Pero bueno, lo que pagas es el enclave.

La cosa cambia al bajar al valle. Ahí las plazas están más peleadas, sobre todo en el mítico Camp 4, donde no se hacen reservas y el precio es algo así como 6 euros por persona y noche. Las parcelas son planas y espaciosas, hay un baño bastante más grande (pero seguimos sin duchas), y estamos al ladito de las paredes imponentes. Además, que dentro del propio camping hay bloques de escalada, entre ellos el más famoso… ¿del mundo?

Está prohibido hacer cola antes de no sé qué hora era, las 8.00 me parece, pero no tengáis eso en cuenta porque aquí sí que hacen la vista gorda. Nosotros salimos de Tuolumne Meadows a las 3.00 y llegamos al Camp 4 a las 5.00, en plena noche, destemplados… y allí había una pedazo de cola de gente durmiendo en el suelo increíble. No sabíamos muy bien cómo iba la cosa, pero ahí nos pusimos en la cola. Al amanecer la gente fue saliendo de su crisálida de saco de dormir. A eso de las 8 o 9 llegaron los ranger y abrieron el puesto. Ahí ponía que ese día saldrían X personas (no recuerdo el número, pero rondaban los 50). Así, los que están haciendo cola ya saben si entrarán ese día o no. Nosotros teníamos el número 39 y 40 –reparten un papelito–, así que sabíamos que entraríamos seguro.

Y entramos, sí. Nos dieron un papel con nuestra parcela y los respectivos cartelitos. En este camping no entras según cuantas parcelas hay sino el aforo que ellos tienen indicado, por eso que se cuenta por personas. En cada parcela colocan 2-3 tiendas, dependiendo de la gente que haya en cada una, y hasta hay quien duerme en hamacas colgadas de los árboles. Muy hippy todo. Nosotros compartimos la parcela con otras dos parejas, con los que solíamos sentarnos en la hoguera.

En cada parcela hay un cajón de hierro antiosos. Hay uno en cada camping y aparcamiento, y está prohibido bajo multa dejar comida y cosméticos en los coches o tiendas, porque pueden venir los osos y comerselos. Y de paso atacarte si estás cerca.

Me queda explicar lo de las duchas. Solo hay en los lodge, que creo que hay dos, o en el pueblo a la salida por Tioga Pass (ahí hay un centro de información con wifi también). Cada sitio tiene un sistema diferente de pago. En algunos sitios compras tokkens que introduces en un aparato que te da X minutos de agua caliente. En otros pagas 3 dólares por un papelito que te da derecho a dos días consecutivos de ducha. Además, te dejan una toalla, gel y champú.

Aquí hicimos trampa porque el primer día nos dieron la toalla sin mirar lo que ponía en nuestro papelito. Al siguiente fuimos y había mucha cola y era un poco tarde, así que decidimos intentar colarnos el tercer día con el papel viejo haciendonos los longuis, como que habíamos entendido que era para dos días cualquiera (y no dos consecutivos). Pero vamos, que el señor no nos miró los papeles tampoco.

No se me ocurren más cosas, pero en caso de duda no tenéis más que preguntar e intentaré contestar lo mejor posible ;) 


martes, 29 de mayo de 2018

Nostalgia usainarekin (II)

Sei hilabete pasatu dira ikastolaren urteurrenaren harira bazkaria egingo genuela iragarri zigutenetik, eta Ikusmira honen lehen zatia idatzi nuenetik. Aipatzen nuen badirela sekula aldatzen ez diren gauzak, eta horietako bat da goizean gertatu zen egoera: mutilak alde batetik eta neskak bestetik. Oroigarri gisa atera genuen argazkian ere banaketa hori nabari da. Zorionez bazkariko mahaien formagatik parean nor izango genuen aukeratzea ez zen erraza, eta gehienok gure konfort gunetik atera behar izan genuen. 

Alboan nituen betidanik lagunak izan ditudan I. eta G., eta parean 2 urte nituela nire «nobioa» izan zena, H., egun batean ilea txukuntzen ari zela flekilloa moztu zidana. Eskuinera, nerabezaroan lagun min bilakatu zen hura, U., egun ezkontzeko zorian dagoena, eta aurrerago sei urtetan nirekin ametsak konpartitu zituen hori, M. 

Zoragarria izan zen ni hain «benetako ni» ez nintzen garai haiek gogora ekartzea, eta konprobatzea nola garai hartan ia harremanik ez nuen horiekin egun primeran konpondu naitekeela. Zoragarria, beste kurtsoetako jendearekin konparatzea eta zein gazte mantentzen garen ikustea, besteek ere gurekin konparatuta berdina pentsatuko badute ere. Txupitoa, gin-tonika, garagardoa, eta enteratu naiz halako beste topaketa bat prestatzen hasi zela taldetxo bat, albora utzi genituen kintadei berriz ekiteko asmoz. 

Orain bai, uste dut gainditu ditudala beldurrak, eta gelako lotsatiaren etiketa bizitza osoan garraiatu behar izan duen batentzat ez da erraza. Esan nuen aurrekoan ere, ni asko aldatu naiz baina gauza batzuk ez dira sekula aldatzen… eta batzuetan hori ere onerako izan daiteke.

Garan argitaratua. 

jueves, 19 de abril de 2018

Pirato, el gato (no compres, adopta)

Hoy quiero presentaros a Pirata. Podía llamarse Angelito o Nube de Azúcar, pero no. Se llama Pirata y actúa como un pirata. Es un poco travieso, digamos. Tenemos una relación de amor odio. Más que como madre e hijo, somos como hermanos. Nos mimamos, nos hacemos arrumacos, pero pronto estamos peleando. Le toco los bigotes, me muerde la nariz. Y así siempre. Pero en el fondo nos queremos mucho.

La verdad es que no le pusimos Pirata por cómo llego a nosotros, pero el nombre le viene bien. El julio pasado hubo una tormenta muy fuerte en mi pueblo, una tormenta de verano de esas con truenos y gotas gordas. Medio pueblo se quedó sin luz y una calle se inundó. Yo tenía fiesta ese día y estaba tomando algo con mi Árbol en un bar. A oscuras. Sin música, todos los clientes se pusieron a hablar de un tema random que me interesaba más bien poco, así que decidí visitar a mi madre en su trabajo. Ella no estaba a oscuras, pero la tienda de enfrente, que es de una amiga, sí. Fue casualidad que yo estuviera allí cuando la amiga entró corriendo en la tienda de mi madre gritando, «hay un gato, hay un gato».

Pirata el 8M, apoyando a las mujeres
A ella le daba un poco de repelus por si le arañaba. Evidentemente pensó que era un gato adulto. Entramos en su tienda a oscuras e hicimos ruido para espantar al animal. De repente un gatito pequeñito y negro salió disparado hacia fuera, directo a la carretera. Gritamos y del susto tiró para el otro lado y se chocó contra la puerta de otro negocio. Conseguí cogerlo. El pobre tiritaba y yo lo tapé como pude sin importarme que fuera un gato callejero y que no sabía ni lo que tenía. Me daba igual.

La chica del negocio contra el que se estampó al verlo dijo, "qué asco, un gato, y encima negro". La amiga tampoco quería acercarse. Entonces comprendí que la vida de ese animalito dependía de mi. Nosotros no queríamos más animales. Ya teníamos bastante con Izar, nuestro conejo gordo, y es que a mí personalmente los gatos no me hacen mucha gracia. Dejé al gato con mi madre en una caja y fui en busca de mi Árbol que ya se estaba impacientando y le dije, "tienda, gatito, mojado", o algo así. Al principio era reacio, pero vino conmigo. No sabíamos qué hacer con él. Al final llamamos al grupo que gestiona las colonias felinas del pueblo y nos dieron el número de la protectora, pero allí dijeron que estaban completos, que si podíamos tenerlo unos días.

Ya no podíamos soltarlo, porque si lo hacíamos éramos los malos. Estabamos obligados a llevarnoslo y nadie nos daba ninguna otra solución: o te lo llevas o lo abandonas y eres la peor persona del mundo. Así que nos lo llevamos. Mi intención era darle atención urgente y después buscarle una casa, ya que nos . Tenía claro que la protectora no nos iba a dar ninguna solución: si se lo han llevado a casa que se lo queden, o algo así debieron de pensar sin tener en cuenta nuestra situación personal. Pero bueno, yo ya le había encontrado un nuevo dueño cuando llegué a casa para darle la noticia a mi Árbol y me dijo, «estoy pensando que podría ser amigo de Izar». 

Y con esa intención nos lo quedamos, le pusimos Pirata como si hubiera venido navegando en la riada y le presentamos a Izar. Al principio parecía que Pirata le tenía miedo, pero a medida que empezó a crecer todo cambió. Hoy en día es una pantera que intenta cazar a su presa, que es tan grande como él y le deja la boca llena de pelos. Pirata lo hace jugando, pero es muy bestia e Izar es ya un viejito que solo quiere mimos. Así que lo tiene estresado. Intentamos no juntarlos demasiado y hacerles mimos por separado.

Pero a Pirata, en sus primeros 6 meses de vida –el veterinario dijo que habría nacido en mayo– le pasó de todo. Pensamos que el día que lo rescaté tenía que haber muerto y yo hice que esquivara su destino, y ahora la muerte le persigue. O eso, o ya ha gastado algunas de sus siete vidas. Porque se dice que los gatos negros dan mala suerte, pero en este caso la mala suerte la tiene él.

Al poco de llevarlo a casa nos fuimos de vacaciones y una conocida miembro de la asociación felina local lo cuidó. A la vuelta nos dijo que se estaba recuperando de una neumonía. Seguramente se enfrió el día que lo encontramos, con la lluvia. Dice que no dejaba de toser y que tenía mala pinta, así que lo llevó al veterinario y le dieron antibióticos.

A nuestra vuelta empezó a hacer cacas blandas y tenía la tirita hinchada, así que le tuvieron que dar medicinas para los parasitos. Otro día mi Árbol estaba en casa y escuchó unos maullidos muy fuertes que venían del pasillo, y al salir se encontró a Pirata colgando de un dedito que se le había quedado enganchado en el radiador. Puntos y antibiótico. Después le esterilizamos, otra vez medicinas. Y del último susto nos estamos recuperando todavía pues un día lo vimos especialmente apático. Pensé que estaba siendo demasiado bueno, que no mordía ni arañaba ni tiraba nada ni apenas se movía. Solo quería estar tumbado y calentito. Le acaricié y ronroneaba, pero cuando le tocaba la tripa se enfadaba mucho y me mordía fuerte, no jugando. Así que llamé al veterinario. Debe de ser el gato más famoso y rentable de la consulta. Dijo que seguramente tendría algo en la vejiga, y que controláramos si hacía pis, porque si no hacía podía ser grave.

Le dieron un analgésico y un anibiotico, y otra vez desparasitante (porque dijimos que se tiraba muchos pedos, y al parecer eso no es normal en los gatos). Le tenían que durar cinco días y si después volvía a ponerse malo le tendrían que hacer placas para ver si era algo peor. Al quinto día se sintió otra vez malito, estaba muy tristón, apático, y al final vomitó (pensamos que por tanto antibiótico). Parecía que se encontraba mejor, pero seguía débil. Ese día le dejamos dormir en nuestra cama por primera vez. También fue la última, porque al día siguiente estaba totalmente recuperado y ya no paraba quieto. Desde entonces está bien y cruzamos los dedos para que solo visitemos al veterinario para las revisiones, porque creo que ya ha cubierto el cupo de enfermedades, accidentes y sustos varios.

jueves, 5 de abril de 2018

El tesoro de la imaginación

Soy periodista porque soy una copiona, y en este caso le copié la profesión a mi prima Olga. Ella es la persona que me vino a la cabeza cuando una vez vi un montón de libros en la basura, y tuve un impulso de llevármelos todos en la mochila. «Los libros jamas se tiran», es el mantra que he escuchado desde pequeña. En mi familia todos son aficionados a la lectura, pero en la casa en la que más libros he visto es en la de Olga. «Su tesssoro». 

Lo cierto es que es una mujer creativa –y un poco «gramanazi»–, y yo creo que también lo soy. Tal vez esa cualidad tenga que ver con el tipo de lectura que me gusta. No me avergüenza admitir que soy aficionada a la literatura juvenil, tal vez por su frescura y sencillez en el lenguaje, sin palabras rimbombantes. 

Resulta que la Universidad de Toronto ha realizado un estudio que sugiere que quienes leen relatos breves de ficción son más abiertos de mente que quieres prefieren los ensayos de no ficción. Estos últimos pueden ayudar a aprender sobre un tema, pero no invitan a pensar sobre el mismo. En cambio, la ficción nos mete en mundos con más o menos parecido con la realidad, pudiendo ser el protagonista un niño mago (“Harry Potter”), una mujer que se reencarna (“Maldito karma”) o un conejo (“La colina de Watership”). 

Me leí “El principito” ya mayor y hoy en día creo que debería ser el libro que todos los bebés reciban al nacer, que tenga su propio espacio en todas las habitaciones de Euskal Herria. Todo el mundo merece saber que una serpiente puede comerse a un elefante si se lo propone.

Publicado en Gara


martes, 3 de abril de 2018

El post de las uñas. ¡Soy exonicofaga!

Este tema puede ser un poco random con lo que vengo escribiendo últimamente pero como ex onicofaga que soy es un tema recurrente en mi día a día, y creo que lucha por tener unas uñas bonitas podría ayudar a otra gente.

En primer lugar, tengo que contar que yo me he comido las uñas desde los 4 años hasta los 24. Osea, 20 años de tortura heredada de mi tío. De mi madre heredé el arrancarme la piel de los dedos, lo cual me parece un vicio más feo aún que trato de combatir, pero desde que dejé de comerme las uñas me masacro más los dedos. Ya no sé ni qué hacer.

Pero bueno, el tema aquí son las uñas. Mi padre solía darme manotazos cuando me llevaba la mano a la boca, y lo único que conseguía era que me arrancara un trozo de uña en plan mal o dejarme a medias creandome aún más ansiedad, así que cuando no me miraba no me comía solo esa uña sino todas las demás.

Después, ya más mayor y por voluntad propia intenté dejar de mordermelas con un líquidos desees que saben amargo. Lo que pasaba era que sí, era asqueroso, pero no solo las uñas sino todo lo que tocaba con las manos. Si me echaba vaselina, los labios me sabían mal. Si comía un bocadillo… pues eso. Y total, que al final me acostumbré al sabor y terminaba comiendome las uñas igual porque por muy mal sabor que tuvieran ya era un sabor normal para mi y no me "despertaba". Es decir, se supone que este sabor es para decirte "hey chavala, que te estás mordiendo las uñas" y tu, al darte cuenta, dejes de hacerlo por voluntad propia. Porque muchas veces nos comemos las uñas sin querer, sin darnos cuenta, cuando estamos nerviosas o aburridas, es una forma de desestresarse. Así que no lo hacemos por molestar a nadie ni para ponernos feas las manos. Ya sabemos que son fea, no nos lo repitáis constantemente.

Luego decidí probar a pintarmelas, pues aunque no tuviera mucha uña me apetecía llevar color. Y me di cuenta de que así me entretenía en quitarme el esmalte antes de morder la uña. Algo es algo.

Pero la solución final fue mi amiga y sus manos bonitas. Ella era onicofaga también. De hecho, hoy en día tiene arrebatos y se las come y luego se arrepiente muchísimo, pero bueno, ella no se come las pieles así que aun con las uñas cortas sigue teniendo unas manos bonitas. La cuestión es que esta amiga se fue de Erasmus, y cuando volvió tenía las uñas largas. No sé cuál fue su truco, pero el mío fue verla a ella. Si ella puede yo también. Fue mi inspiración.

Y así cada vez que miraba mis uñas con deseo me venía a la mente las suyas y se me pasaba. Pero me di cuenta de que las esquinitas que empezaban a sobresalir me resultaban demasiado atractivas, así que terminé por meter una lima en el bolso y en cuanto quería morder, limaba a tope. Seguía teniendo las uñas cortas pero me estaba quitando el hábito de morderlas.

Y hasta hoy. Sigo llevando una lima siempre, y me ha pasado que si se me olvida entro corriendo en una droguería a por una nueva. Porque resulta que aunque ya no las muerda, sigo llevandomelas a la boca, y juego mucho con ellas. Sumado a que 20 años de onicofagia las han debilitado, a la mínima se me rajan. Y claro, yo no puedo ir por ahí con una uña a medias. Ni con una uña corta y las demás largas. Así que limo y listo, mejor cortas y bien que largas y mal.

En cualquier caso yo no las llevo nunca demasiado largas porque se me hacen incómodas y, como he dicho, porque se me rompen, pero si alcanzo cierta longitud me gusta hacermelas semipermanentes porque me las refuerza y me quedan bonitas sin hacerles nada, y además al verlas así como que se me frena un poco el impulso de comerle las pieles.

Normalmente antes de tirar de dientes, suelo hurgar con las uñas hasta levantar la piel. Si llevo las uñas semipermanete me cuesta más, yo creo que porque quedan más gorditas, brillante-resvalosas y con la punta sellada. Además como me echan aceites en las cutículas y cosas, la piel queda más suave y no siento tantas ganas de quitar piel muerta. Al final lo que suelo arrancarme son los callos, hechos a base de arrancar la piel durante años. Así que supongo que la solución final será encontrar una crema de manos que hidrate sin engrasar y no despegarme de ella.

En cuanto a mi último descubrimiento, os tengo que hablar de los esmaltes de gel que puedes hacer en casa. En mi caso tengo el kit de Gel Touch, que tiene una lampara led pequeña, unas toallitas limpiadoras y el top coat.  También tengo de esos top coat efecto gel que no necesitan lampara, que se secan con la luz natural, y también me gustan solo que tardan más en secar y aunque parezca que ya los puedes total, si te rozas con algo antes de que esté seco de verdad termina estropeandose. Así que por ejemplo, nada de ducharse con estas uñas recién hechas. En cambio con las de lampara puedes hacerlo en el momento.

Ambos top coat me gustan porque funcionan sobre cualquier pintauñas normal, y además, que al no ser profesionales –vamos, que no me las hago igual de bien– pues no me duran tanto pero tampoco se pegan a la uña la vida y media, sino que puedes arrancarlas en plan peel off. No, no es una bestialidad, de hecho recomiendan hacerlo así.

Los top coat de lampara quedan pegajosos después de secarse, y para eso son las toallitas, que básicamente son alcohol. Así que os digo que yo me suelo limpiar con un algodón mojado en colonia, tal cual, y se me quedan perfectas. Seguro que compraré más esmaltes de este estilo ya que parece que se han democratizado porque no suelo tener tiempo de ir a hacerme las uñas, y los esmaltes normales no me duran nada. Creo que así les sacaré más uso a los que tengo de colores.

Por cierto, la última vez que fui a hacerme las uñas me las masacraron. Me las limaron antes del esmalte muchísimo. Lo normal es quitar el brillo con un pulidor suave para que se adhiera bien el esmalte, pero es que ella lo hizo con una lima de grano gordo, que me estaba dando dentera y todo y sentía cómo me estaba dejando la uña súper fina. Para colmo, no me selló bien las esquinas y me duraron muy poquito, así que me quedé con una uña hiperfina que me dolía y todo tocarla. Esa fue la razón por la que compré el pintauñas de gel, para hacermelo yo en casa cuando quisiera a lo largo de estos dos meses en los que por fin vuelvo a tener mi uña normal. Este tipo de esmalte me hace sentir la uña más protegida y fuerte, y como me lo hago yo pues no me la daño más.

También he estado usando endurecedor, crema de manos hidratante de uñas, aceite de uñas, y he tomado cápsulas de levadura de cerveza. Con todo ello he conseguido que los estragos de esa "profesional" no sean tan duros. Eso me pasa por ir donde desconocidas…

En fin, eso es todo. Si vosotras también os masacráis los dedos dejad vuestros consejos por fis, y si sois onicofagas pues espero ayudaros a dejar ese hábito y tener, por lo menos, unas uñas funcionales. Porque. ¡qué gusto da rascarse la espalda con las uñas!

lunes, 2 de abril de 2018

Una historia de la abu

Mi abu solía contar como una vez, en la feria, pidió a su hermano mayor que la llevara a comprar zapatos. Él le llevó en burro, porque había que ir al pueblo de al lado, a comprarselos. Volvió y salió de estreno aquél día.

Hasta ahí lo que contaba mi abu. Decía de su hermano que era muy bueno con ella. Punto.

Eso seguro, era muy bueno, pero también tenía muy mala leche cuando se enfadaba así que cuando nos enteramos de la segunda parte de la historia nos partíamos de risa. Mi abu nunca nos la contó.

Al parecer, cuando llegaron a casa con los zapatos nuevos mi abu se dio cuenta de que los dos eran del mismo pie. Pero ella, por no enfadar a su hermano, se los puso y salió como si nada. Fue su amiga la que nos contó la historia, entre lágrimas de risa al recordar verla bajar por la cuesta con unos andares muy raros.

Mi abu ya no recuerda nada, pero cuando estaba bien y se lo recordábamos se enfadaba mucho con su amiga. Le daba rabia que nos lo hubiera contado. Nosotros nos alegramos de saber esta historia, que contaremos una y otra vez porque guardan parte de la esencia de nuestros mayores.

Ahora todo es tan diferente…

miércoles, 28 de marzo de 2018

De los tiempos de Fotolog

El otro día tuve un punch de inspiración y vino a mi mente el nombre del Fotolog que utilizábamos las amigas de clase. Una pena que no recordara también el email y la contraseña que utilizamos para registrarnos porque de ser así, de un arrebato, lo hubiera borrado. Pero oh my god, qué reliquia.

Se suponía que era un Flog (así lo llamábamos, no?) comunitario, en el que todas debíamos participar poniendo fotos o comentando, y como sólo podíamos hacerlo desde la cuenta con la que nos registramos, todas nosotras teníamos la contraseña. Al terminar nuestra aportación debíamos firmar con nuestro nombre porque si no era imposible saber cuán de las siete había escrito.

Generamente yo era la que ponía fotos e insistía a las demás para que participaran. Había una que me seguía la corriente y de vez en cuando subía fotos o escribía comentarios y firmaba. Yo subía fotos de mis amigos o de las fiestorras de fin de semana, y les contaba cómo había ido. Pero recordad que en esa época en la que mandar mensajes con el móvil costaba dinero acortábamos las palabras muchísimo, y yo, por lo que veo, era una experta porque hasta para escribir en los post ponía "kosas k hoy en día m kuest leer". En realidad escribía mucho peor, pero afortunadamente mis dedos aprendieron la mecánica del teclado y ahora me es muy difícil escribir así.

Qué tiempos. Si hubiera sabido que Fotolog cerraría y nos dejaría a todos con el culo al aire, con todas esas foto ahí, sin posibilidad de borrarlas (o yo al menos no he encontrado manera). Cuando dijeron que Fotolog cerraba las puertas supuse que su servidor desaparecería también, y con él todo el contenido de la primera red social de la historia. Algo así como pasó con Tuenti, que avisaron que se borraría todo y ahí me teníais como una loca recuperando esas fotos en las que me etiquetaban pero no había guardado. Pero no fue así, y todas nuestras vergüenzas juveniles quedaron ahí, colgadas en el limbo de la tecnología, con unas letras que me hacen parecer mucho más choni de lo que soy.

Ay, parfavar.

Aún recuerdo una ocasión en la que la cagamos pero bien. En realidad no fue una cagada, sino un malentendido que dura hasta hoy. Como he dicho, solo dos de las 7 amigas éramos realmente activas en el Flog, pero un día se le ocurrió postear a una de las 5 restantes. No firmó. Puso una foto de un compañero de clase y comentó ciertas cosas sobre él y sobre otro par de compañeras. Realmente cualquiera que nos leyera habitualmente o nos conociera entendería que el comentario que hizo al respecto no era ningún dardo envenenado, sino una broma. Entre nosotras nos llamábamos lerdas, flipadas y chulas, y así andábamos poniendo calificativos a todo el mundo, pero no iba en serio.

Resulta que este chico en cuestión era el típico que sabe de todo. Era muy listo y nos sentíamos realmente tontas. Así que empezamos a llamarle Pitagorín, no por meternos con él sino aceptando lo tontas que nos sentíamos. A su vez, a las otras dos compañeras que que mencionaba las llamábamos viciosillas. Suena fatal, lo sé, pero una vez más no era por meternos con ellas. Era porque solían ir muy guapas a clase, y nosotras justo justo íbamos peinadas, y solían pintarse mucho los ojos y un día a alguna se le ocurrió decir que tenían mirada viciosilla, cuando en realidad quería decir algo así como sexy. Y se les quedó.

¿Qué pasó? Pues que mi amiga que, repito, NO firmó, puso todo eso sin tener en cuenta de que era un comentario público, y no entre nosotras, y que probablemente quien no tuviera suficiente trato con nosotras se lo tomaría a mal.  Y así pasó. El chico en cuestión leyó el comentario y me puso de vuelta y media A MÍ! claro, yo era quien normalmente escribía en el blog. Tuve la necesidad de explicarle que no había sido yo quien lo había escrito, pero que aun así no iba de mala manera. Le hice un resumen, pero no le cuadró. Cuando se lo conté a mi amiga se reía, no le daba importancia, y es que ella tiene otro carácter… es más pasota.

Total, que me sentí fatal por lo que había pasado y aún hoy me arrepiento de no haber abierto aquél Flog yo solita, porque sí, ahora mismo habría un montón de fotos y comentarios absurdos míos del final de mi adolescencia, pero jamás de los jamases hubiera publicado algo que pensara que podría resultar ofensivo para alguien.

Así que bueno, dudo mucho que algún día fuéramos amigos ese chico y yo, pero aun así me sabe mal porque sé que no es posible caer bien a todo el mundo, pero me da rabia que fuera por algo que no hice yo.

No os pienso decir la dirección del Flog, si es lo que pensabais, pero termino con una lista (robada) de recuerdos que nos deja «la versión beta de Instragram»:

-La gente publicaba sin filtro: lo que os he dicho, que ahí lo contábamos todo como si fuera nuestro grupo de Whatsapp, y luego pasaba lo que pasaba.

-Comentarse era símbolo de amistad: hoy en día le damos "like" a las fotos de nuestros amigos en Insta, aunque estemos hartas de sus dos mil selfies con morritos o de su gato o de sus vacaciones en la montaña. Pero son tus amigos. Antes entrábamos en Flog y, como no existía ni "me gusta" ni corazoncitos, pues la única forma de hacer saber que te habías pasado era comentar.

-Dedicar canciones a la persona anónima que te gustaba: Esto creo que no lo llegué a hacer, pero sí que le dediqué canciones a algún amigo.

-Meterse en un bucle de perfil en perfil: algo así como me pasa ahora en la Wikipedia, que tras ocho páginas ya no recuerdo qué estaba buscando.

-Los primeros problemas provocados por una red social: básicamente lo que nos pasó a nosotras con el chico este de la foto.

-TKM mi niño gÜ@pò: Eske ya n rekuerd komo skribia xo era algo asi. Las Ks, todas para mí!

-Eskanear fotos para subirlas al perfil: Well, yo tuve una cámara digital bastante pronto y además era una puta paparazzi. Ahora repaso fotos de aquella época y tengo a medio pueblo fichado, así que más vale que nadie se meta conmigo o saco a la luz su oscuro pasado. Con esto quiero decir que eso de escanear fotos no se aplicaba porque contaba con una gran selección de fotos de las que echar mano.

-Escribir en clave: se refiere a esas páginas que surgieron en las que escribías un texto y le daba la vuelta a los caracteres para que fuera más difícil leerlos, pero no recuerdo haber hecho esto nada más que para poner mi nombre en el perfil del Messenger en una ocasión.

-Tener un Fotolog en común era la unión definitiva: ¿Qué os decía? Nosotras éramos inseparables, que para eso pasábamos taaantas horas juntas en la facultad.

-Personalizar tus colores: nuestro Flog tenía fondo negro y letras verdes pistacho, no os digo más. He leído un par de páginas hoy y me ha costado recuperar la vista.

-La simplicidad: Elegir una foto, subirla, ponerle un texto y comentar. Pues eso, como hoy en Insta pero sin postureo.

-MySpace fue su primer gran enemigo: Mucho antes de que fuera una plataforma para música aquello era una especie de perfiles personales. Recuerdo que intenté hacer uno con mis amigos pero, adivinad, nadie participaba excepto yo, así que terminé haciendo lo que debía haber hecho con el Flog y era gestionarlo yo solita, para mí, con mis cositas. Terminó siendo un cúmulo de carpetas de fotos de grupos (the Rasmus), series (La tribu) y películas (El señor de los anillos) que me gustaban. Y ahí la gente que me comentaba eran desconocidos con los mismos gustos, y era todo mucho mejor. Desconozco si mi espacio seguirá estando en el limbo tecnológico o estos hicieron bien eso de desaparecer del mapa.