sábado, 12 de marzo de 2022

El destete

Cuando me quedé embarazada tenía claro que quería dar teta. Si no lo conseguía no me iba a agobiar, porque las madres que deciden dar biberón lo hacen genial igualmente. Mi madre optó por darme biberón después de un mes de pecho, y no la culpo, le doy las gracias por ese mes y todos lo que vinieron después. Incluso compré biberones para poder alternar. Esa era mi idea. 

Al llegar el momento tenía mil dudas, pero creí que sería fácil. La niña se engancharía y todo iría rodado. Y la niña se enganchó, pero a las pocas horas ya tenía grietas. Decían que me tenía que acostumbrar, que tenía que hacer callo. Pasaron los días y seguía igual, buscando la forma de que mis pezones descansaran entre tomas, cerrando los ojos con fuerza en cada agarre. Me fijé una meta: 3 meses de lactancia. Busqué información, leí mucho. Tal vez ese fue mi error porque mi cabeza iba a mil. ¿Y si el agarre no es bueno? ¿Y si tiene frenillo? que no era normal ya lo tenía claro. 

Poco a poco el tema mejoró y me fijé una nueva meta: 6 meses. Pero en ese transcurso la niña iba "justita" de peso... Estaba perfectamente pero se parece a su padre, que no es demasiado alto y es delgado. Como me dijeron pasado el bache, simplemente no va a ser la niña más alta del parque. Ni falta que hace. Pero hasta que asumí eso me torturé creyendo que no tenía leche suficiente o que mi leche no le alimentaba. Me sentía una inútil. Gracias a que leí mucho supe que un bebé sano no debe comer nada más que leche antes de los 6 meses. Si no lo hubiera leído le habría dado cereales a los 5, tal y como nos recomendaron. Pero confié en mi instinto, insistí mucho con la teta, fueron unas semanas duras, y lo conseguimos una vez más. 

Nueva meta: 9 meses. Ya comía, pero tenía que seguir dando pecho porque no quería biberón. Así que seguiría hasta que pudiera tomar yogures por lo menos, y así nos evitábamos la fórmula. En esta época empezaron a salirle los dientes y para calmarse mordía, para soltarse mordía, para hacer chiste… mordía. Y mis pezones volvían a sangrar. Lloraba. No quería darle pecho pero a la vez sabía que no había otra opción. Alcancé mi meta con éxito y parecía que estábamos en una época dulce. Mis tetas estaban bien y la niña empezaba a dormir mejor (mejor, que no bien). 

Nueva meta: 1 año. Pero ay, amiguis, en la maternidad no hay descanso. Llegó la temida angustia por separación, y nos pasamos 3 meses despertándonos cada media hora. No se calmaba con el aita, ni tampoco con la ama. Solo con la teta en la boca. Empecé a trabajar y sentí que eso no podía seguir así, que iba a enfermar. Pero a la niña le gustaba mucho la teta, y me parecía cruel quitarsela del todo. Así que iniciamos un destete nocturno para hacer el destete completo una vez empezara a tomar leche en vaso. Me saqué leche para almacenar, para cuando esté malita poder darle lo mejor de mí, aunque sea en otro recipiente. 

Destete nocturno exitoso (a la tercera). Empezamos a dormir mejor en cuestión de dos días y yo me sentía muy contenta, pero a la vez triste, porque aunque las noches de teta eran muy muy difíciles y me sentía muy sola, despertar a su lado era lo que más me gustaba. Lloré la noche en que iniciamos el destete porque sentí que nunca más dormiría con ella –lo cual es mentira, pero yo no lo sabía–. 

Y desde entonces ya han pasado 6 meses. La niña ya no es una bebé, es más independiente. Toma teta al despertar y al acostarse, aunque cada vez muestra menos interés. Dudo realmente si todavía tengo leche o es una lactancia seca, por lo a gustito que está. Se está produciendo un destete natural donde ella marca los tiempos; es lo ideal. Pero me da mucha pena, porque ahora no quiero que termine. 

Cuando veo a las madres recientes que salen de fiesta o de finde con sus amigas pienso que es algo que yo no he podido hacer todavía, que lo habría podido hacer si le hubiera dado biberón. Siento un poco de rabia por las cosas que "me he perdido", y entrecomillo porque si lo pienso creo que es mucho más lo que he ganado. 

No quiero despreciar a las mujeres que no han podido o no han querido dar pecho porque lo están haciendo lo mejor que saben, pero sí quiero animar a las que lo están pasando tan mal como yo lo pasé. Porque para la sociedad, si no le das teta eres «una mala madre», pero si le das demasiado también. Y mira, no, esto es cosa de dos: de la madre y su bebé. Solo ellas deciden.

La teta es alimento, medicina, calor y cariño. Me parece flipante que seamos capaces de proporcionar todo eso nosotras mismas. Dar el pecho es un acto puramente animal e instintivo que nos hace increíbles. Nuestra leche salva vidas en todo el mundo. Aunque me haya sentido atada por el hecho de dar teta, también me siento poderosa y muy orgullosa de lo que he conseguido. Hemos llegado hasta los 16 meses. Seguramente se alargue un poco más, lo que mi peque quiera. 

No sé si seré madre otra vez, y si lo soy no sé si volveré a dar pecho (porque no pueda, porque no quiera). Pensar eso me hace sentir nostalgia de este viaje que creo que está cerca de acabar. Dar el pecho es lo más duro y a la vez lo más bonito que he hecho en mi vida. Como dice Alba Padró, mi guía espiritual en esta aventura, «mucha teta».