martes, 16 de agosto de 2011

La juventud de una iglesia misogina


Tengo varios temas preparados para esta vuelta de las vacaciones pero no me puedo resistir a hablar del tema de moda: JMJ. No me parece bien que se gasten ingentes cantidades de dinero en llevar a Madrid a un señor que poco hace por los incautos que van a adorarle cuan quinceañera a una boyband, y menos aun por el resto de pecadores que simplemente pasan de la iglesia. Aun así soy de la opinión de que todas las ideologías son respetables siempre y cuando respeten las mías. Y por eso estoy cabreada con estos proyectos de santos, pseudo niños buenos con gorritos azules, porque se las gastan de educados y de buenecitos, pero en realidad son demonios.

No quiero generalizar, no todos tienen por qué ser como esos especímenes que se paseaban por Donostia durante sus fiestas mayores. Resulta que esquivando señoras religiosas de varias razas y jóvenes felices con crucifijos al cuello encontré a una guiri algo perdida en dirección contraria. Hacía calor y la guiri, como mujer libre, se vistió como le dio la gana, con una camiseta que dejaba ver un precioso y voluminoso escote. Un grupo de chicas, ataviadas con minishorts y camisetas ajustadas del grupo de los gorros azules le lanzaron una mirada asesina mientras que varios chicos se la comían con los ojos e intentaban memorizar cada curva de su cuerpo para después recordarla en su intimidad y tener que confesarse más tarde, cuando se hubieran quedado ciegos. La magia del momento se rompió cuando al más iluminado del grupo se le ocurrió dirigirse a la guiri y llamarle «puta». Él se quedó a gusto al oír las risitas de sus envidiosas compañeras, ver frustradas las lascivas miradas de sus amigos y recibir una palmadita de aprobación por parte de un señor con alzacuellos. La guiri no se enteró de la misa la media, gracias a Dios, aunque si hubiera entendido el piropo seguro que se sentiría más enfadada que ofendida al admirar las mentes misóginas de quienes adoran a la madre de nuestro Señor. Amén.

Cómo he dicho, no todos los creyentes tienen por qué ser así, al igual que también hay machistas no creyentes. Para muestra un botón; el delicioso piropo que le lanzó un hombre solitario a una amiga: «Vaya tetas, preciosa!». Si sólo hubiera dicho la segunda parte y hubiera guardado la primera en su primitiva mente habría quedado muy bien, pero ya se sabe que el hombre desciende del mono (algunos más que otros) y los instintos primarios son los que más cuesta retener. Gilipollas… uy, lo siento, ¿lo he dicho eso en voz alta?

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