martes, 14 de agosto de 2012

La eterna principiante


Comencé este blog siendo una periodista principiante. Una vez empecé a controlar un poco las letras empuñé la cámara y empecé a disparar. Ahora digamos que he subido un poco de nivel y he iniciado nuevas aficiones.

La primera, porque siempre me ha gustado salsear con materiales e ideas: los collages. Son malos pero son míos, personales, que es lo que importa. Así que en ellos ando, experimentando con acuarelas, cola, hojas secas, recortes de periódico, postales…

La segunda, como reto personal: la guitarra. Hace meses que tengo a Shamrock (se llama así) conmigo pero todavía no soy capaz más que de sacarle tres acordes y las primeras notas de "Nothings else matters". Sé que si fuera más constante aprendería rápido, pero no tengo tiempo durante el día y tampoco es plan de despertar a medio vecindario a deshoras.

La tercera, un poquito por insistencia y otro poco porque aunque me queje siempre me lo paso bien: el deporte. Quiza debería decir los deportes, en plural, porque como me dijo mi primo ríendose de mi, he pasado de ser «un animal de sofá, a toda una atleta». Pero justamente con el que mejor me lo paso es con el que más miedo me da y el que peor practico. Me lleno las piernas de moratones, me duelen los antebrazos y me destrozan una manicura que me ha costado hacer mucho tiempo. Y además, que si no muero en el intento, será mi madre la que acabe conmigo (o yo con ella, por los sustos). Ese deporte maldito es la escalada. ¿Quién me mandaría a mi rodearme de "lagartijas" y "spidermans"?

La cuestión es que «no me subo a un banco» (como he oído varias veces entre la gente que sí lo hace) pero me lo paso bien pasandolo mal y, de paso, haciendolo pasar mal a los demás. Después de pasarme toda la semana sentada delante de un ordenador viene bien cambiar completamente de actividad. Además, que siempre me permite relajarme y leer, o probar cosas nuevas en la fotografía para pasar de principiante a amateur. Pero es que con esos modelos, esos cuerpos, ¿qué foto es mala? Quién sabe, puede que entre tanto perroflauta encuentre a alguno que se preste voluntario a enseñarme algunos acordes más para que mi Shamrock cante.

Este –para mi largo– fin de semana voy a dejar mi pintauñas por las rocas de la Sierra de Guara. A ver si el segundo día puedo levantarme de la cama. Y si no, me llevaré un catalejos, porque a menudo me descubro mirando hacia arriba, boquiabierta, sin entender cómo hay tanta gente que desafía a las leyes de la gravedad y yo no puedo ni siquiera subir dos metros sin soltar un «no puedo más».

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