miércoles, 24 de agosto de 2016

Escalando el Half Dome

He escalado el Half Dome. Mi "árbol" me dice que todavía no soy consciente de la hazaña que he hecho y yo le respondo que es culpa de ellos, los escaladores, que le quitan peso a todo –«inténtalo, tu puedes, es fácil»–.

Bueno, pues sí, lo conseguí. Subí pico emblemático de Yosemite por la ruta de escalada más fácil (¿y qué?), y ahora estoy súper contenta de haberlo intentado porque no sé si nunca más volveré a hace algo así, pero durante todo el camino fui mascullando, con cara de perros y cagandome en todo aquél que dijo que era fácil.

Durante el descenso le dije a mi "árbol" que escribiría sobre ello en mi blog para contar la verdad, para que nadie más vaya engañado. Aunque también debo decir que si hubiera sabido que me iba a costar tanto ni siquiera lo habría intentado.

Madrugamos mucho, nos levantamos como a las 4, y con toda la pereza del mundo y el estomago encogido desayunamos lo que teníamos a mano. Nos dirigimos hacia el Half Dome Village (antiguo Curry Village) y aparcamos en un aparcamiento que es especial para "hikers" o gente que va a practicar senderismo. Ojo porque por la noche no se puede aparcar, y pasan los Rangers… Nosotros aparcamos hacia las 5 y todavía era de noche, pasó un Ranger y no dijo nada. Supondría que nos estábamos preparando para salir.

Comenzamos a caminar por el Mist Trail y pensé «qué bien, ojalá sea todo el camino así» pero pronto empezaron las cuestas. Unas cuestas del infierno que no esperaba que habría. Me habían dicho que era una ruta preciosa y que aunque no llegara a escalar el Half Dome merecía la pena llegar hasta el final. La Mist Trail se dirige a las cascadas Vernal y Nevada Falls, hasta ahí precioso, pero ya está. En mi opinión, si no vas a escalar el Half Dome no merece la pena seguir. Lo sé, soy una cascarrabias.

Mi "árbol" me decía que si no subía la pared no pasaba nada, que ya habíamos hecho un recorrido «muy bonito» y yo insistía que si llegaba hasta la pared iba a subir por mis ovarios, que si no no merecía la pena.

Allí estaba yo subiendo cuestas todavía con legañas en los ojos y empezando a sudar cuando vemos un cartel: «última oportunidad para rellenar tu botella de agua» (o algo así). Estabamos junto a Vernal fall.

¿Qué puede ser peor que una cuesta? Pues las escaleras. A partir de ahí empezaba un trecho de escaleras, y bien gordas ellas. Pasamos un puentecito  muy mono, y luego una zona donde el río pasaba transparente y calmado, y seguimos, seguimos, seguimos… hasta llegar a Nevada falls.

Para entonces ya era de día y hasta cascaba el sol. Ahí dudamos un poquito porque según habíamos leído en los croquis, hay un "atajo" que sale del camino hacia la izquierda antes de llegar a esta cascada y que pasa entre dos pedruscos, pero no vimos ningún camino más allá de dos pequeños hitos que dirigían al bosque. En los croquis ponía que había otro camino más adelante, así que decidimos no arriesgarnos y tirar para adelante.

Así, junto a Nevada fall sigue el camino normal, por unas zetas arriba y arriba, hasta llegar a una casita que creo que eran baños pero no estoy segura. Ahí marcaba algo del recorrido de los cables del Half Dome (recordad que para subir por ahí hace falta un permiso que es bastante difícil de conseguir).


Bueno, pues seguiiiiimos y por fin llegamos a una señal donde marcaba un campamento. Y diréis, ¿por qué no durmisteis ahí? Pues porque hace falta el permiso wilderness, ósea que tienes que ser un mochilero. El problema de esto es que si plantas ahí la tienda, al día siguiente te la tienes que llevar a cuestas. Y no, no estábamos como para cargar con ella pared arriba.

Al llegar a esa señal se ve un hito grande, este sí, que marca un camino marcado a la izquierda. Estaba clarísimo que era por ahí. Nos adentramos en un bosque con unas piñas enormes. Nunca había visto piñas tan grandes. Y ya ahí empezaba a notarse el fresquito.

El último tramo es ya entre piedras, zonas bastante pulidas y con riesgo de caída (al menos para torpes como yo). Fui súper tensa en este momento, no esperábamos pasos de este tipo en la aproximación.

Al cabo de cinco horas y estar muertita llegamos al árbol desde donde empieza la vía Snake Dike. Me como un plátano y miro hacia arriba y decido que sí puedo hacerlo, que es fácil. Me pongo el casco y el plumas –hacía mucho viento que daba la sensación de frío por la altura–, y a asegurar.

Mi "árbol" subió fácil. O eso me pareció a mí. Empecé yo y al principio guay, pero al llegar al primer paso de adherencia que moría de miedo. Era granito pero algunas partes resbalaban. Llegué a un árbol de donde debía quitar una cinta y luego seguí y se me fueron los pies y me arrastré por todo el granito gritando. No caí nada apenas, estaba bien agarrada, pero mi miedo a dejarme los morros contra la pared no lo podía evitar. Me rompí el plumas y eso me dio mucha rabia.

En el siguiente largo la cuerda estaba hiper-rizada, así que mi "árbol" tuvo que volver a la reunión porque yo era incapaz de darle cuerda. Él quería bajar pero yo, tal vez más inconsciente, le propuse que nos ancláramos a la pared y soltáramos la cuerda para ponerla bien. Lo peor que nos podía pasar era que se nos cayera la cuerda y tuviera que venir alguien a buscarnos, pero no estaríamos en riesgo ni mucho menos. Así que eso hicimos, y conseguimos tirar para adelante.

Bueno, seguimos y ya parecía que se veían zonas donde agarrarse. La "snake", la culebra, hacía su aparición. Buenos agarres y buenos pies. Mi salvación, porque yo ya no podía más. Se suponía que lo difícil eran los dos primeros largos, pues para mí todo fue de la misma dificultad. Imaginad lo hecha polvo que estaba. 


Mi tarea era recoger los cacharros que había puesto mi "árbol" por el camino, pero yo subía y ahí no había nada de nada. Me confesó que, aunque creía que no se iba a caer, tenía miedo porque si se caía tenía unos 25 metros debajo. Vamos, que si te caes te matas.

Al final la pared se tumba. La vía no es en ningún momento vertical del todo, pero aún así es muy vertical para alguien que hace quintos como yo. En fin. Que al final se tumba, pero al ser todo tan liso y haberme caído antes en una zona así, sin agarraderos, me daba miedete y mi "árbol" decidió atarme por si acaso, como a los perros. Si me caigo nos caemos los dos, pero era como una seguridad para que yo fuera mejor. En realidad era muy difícil que me cayera.

Para ese punto ya iba parando cada 10 pasos. Mis piernas no respondías y tenía que tirar de brazos. Y aquella cuesta no terminaba nunca…

Llegamos arriba y dos chicos que habían subido por los cables nos aplaudieron. Eso me dio mucha vergüenza, pero también hizo sentirme bien porque me di cuenta de que lo había conseguido.

Nos quedamos un rato arriba curioseando y vuelta para abajo, que teníamos todo el camino de regreso. Bajamos por los cables y como daban miedo nos atamos a ellos con unas cintas, aprovechando que teníamos arnés. La gente subía súper fatigada, resbalandose por la piedra lavada, nos decían que la idea de los arneses era inteligente y preguntaban si quedaba mucho para la cima y si el descenso era más fácil. Sonreíamos, sin más. En realidad el descenso era peor. Así que, amichis, si vais por los cables recordad llevar arnés y cintas para ir más seguros.





Estabamos convencidos de que mucha gente tenía que haberse despeñado por ahí, pero sorprendentemente la mayoría de los muertos ha sido por rayos.

El caso es que llegamos abajo de los cables, guardamos el arnés, de pegamos un trago al agua y… fue la botella la que se despeñó. Nos esperaba un largo descenso sin agua y con sol. Bravo.

Con dolor de cabeza y los músculos flojos, medio riéndonos por la situación, medio lamentándonos, conseguimos llegar a la zona donde el agua del río estaba limpia. Sabemos que no se debe hacer, pero bebimos un poco. Solo para quitarnos la sed. Seguimos y nos encontramos con un señor con una garrafa de un galón con agua y hielos. Casi le pedimos que nos diera un poco, pero seguimos hasta la Vernal fall, donde hay una fuente. Bebimos como si no hubiera mañana y rellenamos una botella vacía que teníamos. Y creo que ya no volvimos a beber más de esa botella, pero yo la llevé como si fuera Gollum con su tessssoro.  

Llegamos al parking ya de noche. Compramos unos sandwiches y unas cervezas y nos fuimos al camping. Al día siguiente casi no podía ni andar de las agujetas y descubrí que me había quemado las piernas de rodilla para abajo. No me quemé más porque fui tapadita.

Conclusión: ahora que lo veo de lejos me río y creo que fue una experiencia increíble, y doy las gracias a mi "árbol" por ser tan tauro y haber insistido en que yo podía. Pero en el momento lo pasé muy mal. Una vez llegada a la cima el descenso lo hice mucho mejor de lo esperado. Merece la pena intentar escalar por la Snake Dike pero, ojo, no es tan fácil como lo pintan, ni el camino ni la escalada, al menos para una paquete como yo.

FIN

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