lunes, 5 de marzo de 2012

Zancos para "la esparrago"

Desde pequeña he tenido el maldito complejo de ser demasiado alta. Sobre todo lo pasaba mal en verano, en el pueblo donde llevo veraneando toda mi vida. Allí (en el sur) no sé por qué, a excepción de algunos, la mayoría de la gente es más bajita que aquí (en el norte). Llevo midiendo 1,73 metros desde los 15 años, y por aquel entonces sacaba una cabeza a mis amigas. También a mis amigos. Y yo iba por la calle agachando la cabeza, en parte por vergüenza y en parte porque si no, no me enteraba de nada. Mi tío me llamaba "espagggagó" (léase con acento francés).

Con el tiempo todos crecieron. Bueno, ellos crecieron y ellas se pusieron tacones. Por fin podía hablar a algunos mirando hacia arriba y a algunas cara a cara. Pero yo también ansiaba ponerme tacones, a pesar de no tener ni idea de cómo andar con ellos. Me compré unas botas con 8 cm de tacón que cada vez que me ponía obligaba a mi entonces novio a ponerse tieso, porque me parecía que no quedaba bien que yo fuera más alta. Ya ves tu.
 
Hace poco se casó mi primo. Me compré "el vestido más bonito del mundo" para la ocasión, pero para que luciera del todo hacían falta unos tacones. Taconazos. Así que después de practicar en casa me calcé durante 16 horas unos andamios de 11 cm preciosos. Mi miedo era ser la más alta de la boda. Pero no. Allí había de todo; más bajitas/os y más altas/os, con andamios y sin ellos. Y yo iba feliz con "el vestido más bonito del mundo" y mis piernas hiperlargas que hicieron que, por una vez, me sintiera orgullosa de ser alta. 

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